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Discrepar


Por Francisco Barbosa

En una convenci√≥n generalmente aceptada que la pol√≠tica es “el arte de lo posible‚ÄĚ. La posibilidad est√° obviamente acotada por la disponibilidad de recursos, por la certeza que se tenga claros los objetivos, de la habilidad para allegarse adeptos, de lograr el concurso de la mayor√≠a de los ciudadanos para participar en tareas complejas, de poder reducir oposiciones por la v√≠a de las concertaciones; en suma, saber negociar en una l√≥gica de ganar-ganar (sinergia social).

Pero para sorpresa de muchos, en los que se incluyen a acuciosos investigadores de las ciencias sociales, en el periodo que nos ha tocado vivir parecería que la conducta de los políticos se orienta en el sentido opuesto. El conflicto como arma para destruir enemigos, la desvinculación con grupos aliados a los que se ignora y minimiza en los procesos de toma de decisiones y en la necedad de quien se cree poseedor de la verdad absoluta.

Ese fenómeno despreciativo se extiende por todo el planeta, e impacta a naciones que por mucho se asumen recientemente como las mejores democracias del presente y del futuro.

Lugar destacado ocupa en esa descripción el Presidente López Obrador. Su narrativa y lustros de lucha por el poder, finalmente lo premiaron con alcanzar la primera magistratura. Pero cuando era de esperar que nuevos y pacíficos aires soplaron en el ambiente político, la atmósfera se ha viciado como producto de su disparatada forma de comunicarse y pactar con los actores políticos.

El uso de una verborrea desbordada que se manifiesta en el err√°tico y desesperante abuso del micr√≥fono y las c√°maras de televisi√≥n, la concentraci√≥n de acarreados en la plaza p√ļblica para anunciar proyectos sacados de la manga o convocar al respaldo sumiso sin reflexi√≥n y serenidad han minando la confianzas que le brind√≥ un electorado que esperaba un cambio radical en la forma de gobernar que s√≥lo sirvi√≥ para llenar bolsillos de una camarilla ambiciosa y corrupta.

La soberbia est√° empe√Īado la oportunidad que se dio la ciudadan√≠a de buscar un gobierno eficiente, honrado y comprometido. Al final, una nueva √©lite se est√° apoderado de jugosos puestos y contratos p√ļblicos y fieles a sus oscuros pasados vuelven a la cargada para obtener canonj√≠as socavando las debilitadas finanzas nacionales.

Se cancelan programas de asistencia social para repetir f√≥rmulas desgastadas de cooptaci√≥n electoral. Las licitaciones p√ļblicas son oscuras y privilegian a proveedores amigos, y se lanzan mesi√°nicos proyectos de obra p√ļblica que desde ya lucen como elefantes blancos o son obras que no podr√°n tener final feliz.

Andr√©s Manuel L√≥pez no escucha, discrepa, lanza manotazos a diestra y siniestra y se encamina a un rotundo fracaso llev√°ndose por delante a su ‚Äúamado y fiel pueblo‚ÄĚ, que pronto le cobrar√° muy caro sus lamentables equivocaciones si no acierta a cambiar su desdibujado estilo de gobernar, arte, por cierto, muy complejo. Al tiempo.

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