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Desde El Salvador Hasta Tijuana


Integrante de la Caravana Migrante Comparte su Historia

Por Mario A. Cortez

F√°tima Del Carmen Castro
El sonido de los pasos de F√°tima Del Carmen Castro sobre el malec√≥n de Playas de Tijuana se pierde entre requintos de conjuntos norte√Īos y las olas que azotan la arena. A√ļn despu√©s de haber recorrido las geograf√≠as de tres pa√≠ses, ella sigue caminando, buscando ganarse la vida dignamente vendiendo brochetas de camar√≥n asado mientras espera exponer su petici√≥n de asilo a las autoridades de Estados Unidos.

F√°tima es oriunda de Puerto de la Libertad del Majahual, un concurrido destino tur√≠stico en la costa central de El Salvador. En su tierra natal, ella y su hija se dedicaban a la panader√≠a tradicional salvadore√Īa. Sus reposter√≠as preferidas para elaborar eran los salpores de arroz, las quesadillas salvadore√Īas y el pastel de pi√Īa.

Fátima llegó a Tijuana la noche del 15 de noviembre con un grupo de la caravana migrante que busca asilo en Estados Unidos. La inseguridad y amenazas de muerte por parte de pandilleros que querían secuestrar a su hija y matar a su yerno la desplazaron de su país de origen.

‚ÄúMi vida familiar estaba toda tranquila hasta que lleg√≥ este grupo de delincuentes a amenazarnos de muerte‚ÄĚ, dijo F√°tima a La Prensa San Diego.

Sin pensarlo dos veces, Fátima huyó hacia el norte junto a su hija y yerno, dejando atrás a dos hijos adultos y su panadería. A la hora de su partida, el primer grupo de la caravana migrante saldría de su punto de origen en Honduras un mes después.

Mientras esperaba recibir de manera oficial sus documentos de trabajo y estadía legal en México, la caravana migrante alcanzó a Fátima en Tapachula, Chiapas, cerca de la división entre México y Guatemala.

‚ÄúY pues, por ah√≠ pas√≥ la caravana y ah√≠ nos pegamos. Nunca fui a recoger mis papeles‚ÄĚ, mencion√≥.

Desde que se incorporó al éxodo centroamericano, Fátima ha recorrido lo largo de la ruta que toman los migrantes por el oeste de México, sin importar la adversidad en el camino.

‚ÄúHemos aguantado tormentas, hemos aguantado calor y tener que caminar por d√≠as sin parar para dormir en la acera por la noche‚ÄĚ, detall√≥. ‚ÄúPero tambi√©n hemos encontrado gente que nos dio (viajes en transporte) y hemos encontrado gente buena en el camino que nos ha dado regalos, nos ha dado comida y aveces un albergue en donde descansar‚ÄĚ.

Fátima recuerda pocos de los nombres por donde transitó. Ella dijo recordar nombres de estados como Nayarit y la ciudad de Guadalajara pero no mucho más que eso.

‚ÄúNo me acuerdo de todos los nombres por donde he venido pasando, pero llegamos a varios pueblos,‚ÄĚ not√≥.

La noche que llegó a Tijuana junto a sus familiares, Fátima fue sorprendida por el ruido de un ataque a miembros de la caravana, quienes dormían en un mirador de Playas de Tijuana, a pasos de la frontera con Estados Unidos.

‚ÄúAgredieron a muchas personas que dorm√≠an ah√≠. Ellos no hab√≠an hecho nada pero vinieron a agredirlos y se arm√≥ el desmadre ah√≠‚ÄĚ, dijo.

Al día siguiente, mientras el resto de la caravana se dirigió hacia un albergue en el centro de Tijuana, ella decidió permanecer en Playas, en donde había encontrado un refugio para migrantes en donde quedarse y presintió poder encontrar un trabajo.

‚ÄúSal√≠ el pr√≥ximo d√≠a completo a buscar el trabajo y me encontr√© al don que vend√≠a pinchos (brochetas) y me dijo si quer√≠a experimentar con venderlos. Sal√≠ con 10 pinchos y los vend√≠, luego regrese por m√°s por que me agrad√≥ ya poder trabajar.‚ÄĚ

Por cada brocheta de camarón que vende a 50 pesos mexicanos (2.50 dólares), ella se lleva a la bolsa 10 pesos (aproximadamente 50 centavos de dólar).

‚ÄúEstos d√≠as he ganado hasta 300 pesos (14.75 d√≥lares) al d√≠a vendiendo camaroncitos y para mi esto me sirve en lo que me estabilizo en un empleo formal‚ÄĚ, afirm√≥.

A pesar de las hostilidades por parte de un sector de la sociedad tijuanense y el rechazo del presidente de los Estados Unidos hacia quienes buscan la protecciones del asilo, est√° migrante dice sentirse c√≥moda en Tijuana al tener un techo sobre su cabeza y un empleo. Sin embargo, su meta es ingresar por la v√≠a del asilo a los Estados Unidos, en donde la esperan amistades de toda la vida en Los √Āngeles y en Nuevo Laredo, Texas.

Aunque su travesía ha sido difícil, y la espera para que se escuche su petición de asilo será larga, Fátima extiende su agradecimiento al pueblo de México.

‚ÄúGracias a Dios, los mexicanos nos han tratado bien y a mi me han tratado bien, con demasiada generosidad. Los mexicanos no han tenido por que darnos de comer o d√≥nde ir al ba√Īo y ellos lo han hecho. Estoy eternamente agradecida con los mexicanos‚ÄĚ, consider√≥ F√°tima.

También extendió palabras a quienes ven a los miembros de este éxodo humanitario como plagas sobre las localias a las que llegan.

‚ÄúNo todos los inmigrantes somos malos, pero por ah√≠ han habido personas malas por las que hemos pagado todos nosotros que no debemos nada. La gran mayor√≠a somos trabajadores y somos buenos y buscamos nuestro sue√Īos de sacar adelante a nuestras familias‚ÄĚ, dio a saber F√°tima.

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