Editorial, SPORTS

Ya Sáquenlo

August 6, 2018

Por León Bravo

Tras su viaje a Rusia para cubrir la reciente Copa del Mundo, este raro personaje de nuestros tiempos dice que ahora sí entiende y respeta el trabajo de los periodistas.

Desde que hace seis años dejó de recibir ofertas para dirigir a equipos de la Liga MX, este hombre que carece de cualquier atributo para ser un comunicador, se refugió como comentarista de ESPN Deportes.

Su trayectoria como técnico fue un tanto cuanto exitosa y su punto más brillante lo alcanzó hace 13 años cuando llevó a las Águilas del América a ganar el título de campeón.

En su expediente aparecen también blasones mundialistas al haber sido asistente de Manuel Lapuente en la Copa del Mundo de Francia1998 y de Javier Aguirre en Sudáfrica 2010.

Tras su desventurado paso como técnico de Pumas, Mario Carrillo no volvió a dirigir.

Por su carácter voluble, personalidad bipolar y su estrecha relación con una señora que se hace pasar como coach personal, pero que en realidad practica ritos esotéricos muy extraños, el entrenador entró a la lista negra de los dueños de equipos del futbol mexicano.

Sin ningún otro reto profesional en el horizonte, Carrillo aceptó ser analista en ESPN Deportes, un puesto en donde se desempeña de manera deplorable.

Sin capacidad para hilar una oración de 20 palabras, sin claridad a la hora de expresar sus conceptos, sin la personalidad que se requiere para sentarse enfrente de una cámara, Carrillo hace el ridículo cada vez que aparece a cuadro.

Para no herir susceptibilidades de directivos que él cree todavía lo pueden llamar para dirigir, Carrillo nunca compromete sus puntos de vista y evita a toda costa tomar un papel crítico.

Cuando se la da la asignación de explicar movimientos tácticos de un partido, al estratega se le traba la lengua, hace pausas muy largas en sus análisis y su rostro es presa de gestos exagerados.

Por más experiencia que haya acumulado como jugador profesional y como técnico, Carrillo es un pésimo comentarista.

En su viaje a Rusia, Carrillo debió seguir el ritmo de trabajo de verdaderos periodistas.

Levantarse muy temprano, asistir a los entrenamientos de las selecciones, estar presente en las conferencias de prensa, recopilar información, estudiar los temas sobre los que iba a hablar y aparecer en varios programas de televisión en el mismo día.

Fueron jornadas de 16 horas diarias de trabajo, algo a que los periodistas estamos acostumbrados, pero que Carrillo nunca se imaginó.

“Ahora sí entiendo su trabajo, ahora sí respeto el trabajo de todos ustedes”, dijo Carrillo a los periodistas presentes en la mesa del programa Futbol Picante.

El reconocimiento de Carrillo al sacrificio y esfuerzo de verdaderos periodistas en nada ayuda a que los comunicadores profesionales tengan un sentimiento recíproco hacia él.

La televisión deportiva está llena de exfiguras del deporte que son igual a Carrillo.

No saben hablar, no saben comunicar sus experiencias, no tienen una personalidad que los haga diferentes y no aportan nada nuevo.

La television, la radio, los periódicos y los medios digitales deben ser centros de trabajo para profesionales de la comunicación y no para desechos de las canchas.

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