Commentary, SPORTS

Nunca Escupas al Cielo

January 10, 2018

Por León Bravo

De acuerdo con varias religiones orientales, el karma es una energía que se deriva de los actos de las personas.
Generalmente, el karma se interpreta como una ley cósmica de retribución o de causa y efecto.

Para ponerlo en palabras más llanas y comprensibles: si te portas mal en la vida tendrás que pagarlo, si te portas bien serás compensado.

Valga la introducción de esta columna para hablar sobre cómo es que la ley del karma le pasó a cobrar factura a Nery Castillo.

Ocho años atrás, cuando la selección mexicana disputaba las eliminatorias para llegar al Mundial de Sudáfrica, el futbolista atrajo las malas vibras hacia él.

Creyendo que era una joya del futbol internacional, pensando que tenía el mundo a sus pies, imaginado que era merecedor de pleitesías, Nery pecó de soberbio.

En esa época, el futbolista de padres uruguayos, pero nacido en México, fue transferido del Olympiacos de Grecia al Shaktar de Ucrania.

La selección mexicana, dirigida en aquel entonces por el sueco Sven Goran Eriksson, estaba pasando por una crisis de resultados y su clasificación al Mundial de 2010 estaba francamente comprometida.

Echando mano de todo aquel jugador que se desempeñaba en Europa, Eriksson decidió convocar a Nery a pesar de que su rendimiento en el Shaktar dejaba mucho que desear.

En sus presentaciones con el Tri, Nery quedó a deber.

En el terreno de juego no corría, no metía fuerte la pierna, no luchaba por los balones, era un estorbo.

Después de un partido en que el Tri se vio muy mal, un reportero le hizo notar a Nery su falta de compromiso con la selección mexicana.

Fue entonces que el joven y engreído futbolista expresó la frase, que hasta la fecha, es lo único que se recuerda de él.

“¿Sabes cuál es la diferencia entre tú y yo? Qué yo me regreso a Europa y tú te quedas en México”, le dijo el jugador al reportero mientras fruncía las cejas y hacía una cara burlona.

Esa fue la última vez que Nery vistió el uniforme mexicano, y efectivamente, regresó a Europa, pero regresó a fracasar.

Su pésimo desempeño en el Shaktar hizo que el equipo lo despidiera y a partir de ese momento, la vida del joven que se creía Dios comenzó a desmoronarse.

En menos de un año, Nery sufrió la muerte de su padre y su madre mientras que en el ámbito profesional ningún equipo volvió a interesarse en sus servicios.

Fue así que el jugador de futbol que se creyó rey comenzó a desaparecer del mapa y la gente a olvidarse de él.

Recuerdo hoy la historia de Nery porque en estos días me enteré que para subsistir, el exastro de las canchas se dedica a rentar equipo para la pesca deportiva en una isla griega.

Obligado más que nunca a trabajar para ganarse la vida, el otrora jugador de la selección mexicana aceptó, por muy pocos dólares, ser parte de la versión griega del reality show Survivor.

Es triste ver la forma en que el karma se hizo presente en la vida de un joven que lo llegó a tener todo y que hoy no tiene nada.

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