Editorial, SPORTS

Los Traidores Deben Ser Castigados

May 27, 2019

Por León Bravo

Los mexicanos Carlos Vela, Javier Hernández y Héctor Herrera, así como el costarricense Keylor Navas, son ejemplo de deslealtad y traición.

Son unos traicioneros, mercenarios, materialistas, malagradecidos que no merecen el respeto de los demás.

Se olvidan de todos aquellos que en su momento los ayudaron a conseguir lo que hoy tienen y disfrutan.

Son oportunistas, vividores del momento, ladrones de sentimientos y cómplices de la deslealtad.

Duras palabras para aquellos que ahora están en la cima y ya no se acuerdan de los que dejaron abajo.

Los jugadores de futbol que desprecian, rechazan e ignoran el llamado de sus selecciones nacionales no son más que el vivo retrato de la ingratitud.

Los mexicanos Carlos Vela, Javier Hernández y Héctor Herrera, así como el costarricense Keylor Navas, son ejemplo de deslealtad y traición.

Cada uno de estos jugadores son verdaderas estrellas del balompié que han logrado trascender mas allá de las fronteras de sus respectivos países.

Seguramente lograron el éxito porque tienen un talento espontáneo y habilidades innatas para ejecutar lo que muy pocos en el mundo pueden hacer en una cancha de futbol.

Lo que olvidan por completo es que de no haber sido por la vitrina que les ofreció su selección, es muy posible que no hubieran alcanzado el nivel de comodidad financiera que hoy disfrutan.

Vela, Hernández, Herrera y Navas sobresalían en sus ligas locales pero fueron las intervenciones con sus respectivas selecciones las que les abrieron las puertas de Europa.

Sin la selección, estos jugadores seguirían actuando en México o Costa Rica y no en cuadros de alcurnia como el Real Madrid o en equipos de la afamada Liga Premier de Inglaterra.

Ahora que se acerca la Copa Oro, estos cuatro petulantes le han dado la espalda a su selección.

A estos cuatro individuos ya se les hace muy denigrante tener que venir a disputar un torneo oficial de la Concacaf.

Ellos ya ven a las selecciones de esta parte del mundo como unos apestosos limosneros a los que prefieren no acercarse.

Como ahora juegan en las mejores canchas del mundo ante rivales de gran prosapia, Vela, Hernández, Herrera y Navas le hacen el feo a rivales como Haití, Nicaragua o El Salvador.

Negarse a vestir el uniforme de sus selecciones en Copa Oro equivale a una traición hacia todos aquellos aficionados que los adoran como si fueran verdaderos dioses del Olimpo.

Su negativa constituye también una cobarde puñalada trapera a las instituciones, directivos y patrocinadores que los respaldaron en su carrera por llegar a donde hoy se encuentran.

Estos jugadores se creen ahora miembros de la realeza universal y se niegan rotundamente a juntarse con los lacayos del mismo vecindario pobre y derruido donde nacieron.

Estos cuatro personajes deberían quedar fuera de sus selecciones para siempre.

Ya no deberían de tener la oportunidad de vestir los colores de su bandera nacional, de cantar su himno, de sentir la emoción de representar a su país.

Vela, Hernández, Herrera y Navas son unos traicioneros a los que no hay porque tenerles compasión.

México y Costa Rica deberían pensar que los malagradecidos no tienen cabida en su selección.

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