Editorial, SPORTS

El Nuevo Pecado Capital

August 1, 2018

Por León Bravo

Basta de exageraciones y posturas mojigatas.

Basta de querer mezclar el abuso con la admiración.

Basta de promover prohibiciones infundadas y miedos absurdos.

Mostrar la belleza de mujer no debe ser tomada como una acción pecaminosa que atenta contra lo establecido por la moral y las buenas costumbres.

¿Qué tiene de malo que una cámara de televisión enfoque a una hermosa aficionada mientras observa un partido de futbol en las gradas de un estadio?

¿Dónde está la falta de respeto a esa mujer, quien, por su inigualable belleza, atrae la atención de los productores que deciden transmitir su rostro al resto de el mundo?

La mujer es el ser más bello de este planeta por lo que admirarla no debería ser considerado un ultraje ni un acto de desequilibrio mental.

En el pasado Mundial de futbol efectuado en Rusia, la FIFA prohibió a las televisoras mostrar los rostros de aficionadas en el estadio.

Los directivos del organismo rector del balompié temían que la constante aparición de mujeres bonitas en las transmisiones de los partidos fuera considerado un abuso sexual.

Los encargados de manejar las relaciones públicas de la FIFA apartaron de nuestros ojos a las bellas aficionadas que asistieron a la Copa del Mundo porque no querían que su presencia en las pantallas se tomara como un acto sexista.

Es cierto que vivimos una época en donde la mujer ha roto las cadenas del silencio para gritar a los cuatro vientos las agresiones, abusos y violaciones de las que han sido objeto.

El movimiento de reivindicación encabezado por el valor de connotadas figuras internacionales ha sacudido las bases de la sociedad.

Su proclamación de justicia y equidad es loable y encomiable.

Ninguna mujer debe de ser presionada a tener relaciones sexuales a cambio de obtener un puesto de trabajo.

Ninguna mujer debe de ser acosada y explotada por aquellos animales que no pueden controlar los más bajos de sus instintos.

El respeto hacia el sexo femenino debe ser absoluto, pero creo que también es necesario establecer que el solo hecho de voltear a ver a una mujer no constituye un falta de respeto ni mucho menos.

Hemos caído a tal extremo, que muchas entidades deportivas prefieren que las mujeres ya no sean parte de su organización.

Un par de semanas atrás, el equipo de la NBA, Spurs de San Antonio, anunció la disolución de su cuerpo de animadoras.

La Formula1, la categoría reina del automovilismo internacional, decidió prescindir de las modelos que engalanaban las pistas y el podio de ganadores.

Con estas decisiones, los Spurs, la Formula 1 y la FIFA están insinuando que todos aquellos que admiramos la belleza de la mujer somos hombres de sucios pensamientos y perversas fantasías.

La ingenuidad y la inocencia de ver por television el hermoso rostro de una aficionada disfrutando un partido de futbol se ha transformado en un pecado capital.

Los hombres que vemos en los ojos de una mujer la belleza más grande del universo, somos ahora las víctimas de prohibiciones absurdas impuestas por el temor infundado y el escándalo exagerado.

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