Editorial, SPORTS

Cada Vez son Menos

February 25, 2019

Por León Bravo

(REUTERS/Marcelo Del Pozo)

Si es cierto lo que algunos sociólogos dicen en el sentido de que el futbol es reflejo de la sociedad, entonces veo a un México muy apremiado.

No es que quiera poner sal en la herida de un país que entre la corrupción, la violencia y la impunidad se está desmoronando, pero es difícil resistirse a hacer el apunte con base en una observación.

Los torneos de Liga y de Copa que disputan los grandes planteles del balompié mexicano suponen ser las competencias que generan grandes emociones entre los aficionados.

Las gradas atiborradas con fanáticos que agitan banderas, entonan porras y lanzan cánticos que incitan a la acción, debería ser la fotografía en cada uno de los escenarios de una liga que presume ser una de las 10 más importantes del mundo.

En un país donde el futbol representa para mucha gente su única válvula de escape para deshacerse de sus presiones, de sus tristezas, de sus congojas, es difícil creer lo que está pasando.

En el actual Torneo Clausura 2019, la mayor parte de los estadios han estado ocupados a la mitad de su capacidad y en muchas ocasiones se registran entradas que dan pena.

Equipos tan poderosos y de tanta convocatoria como Cruz Azul y América han tenido partidos en los que no superan los 15 mil boletos vendidos en sus partidos dentro del Estadio Azteca.

Afición y pasión por el futbol existe en México, por lo que la ausencia de público se la atribuyó directamente a los graves y complejos problemas que enfrenta el país.

La arista de una economía que no crece y que ofrece calamitosos salarios es seguramente un componente importante en la ausencia de aficionados.

Es muy comprensible que en lugar de comprar un boleto para el futbol, el padre de familia destine ese dinero a artículos esenciales para el hogar.

Es posible que el estudiante prefiera guardar las pocas monedas que carga en su bolsillo para costearse su transporte a la universidad.

Es de entender que el obrero piensa más en el pan de mañana que en las Chivas, los Pumas o los Xolos.

La inseguridad que reina en gran parte de las ciudades donde se desarrollan los partidos es otro de los aspectos por el que la gente pone freno a su intención de salir de casa.

El miedo, zozobra y angustia se ha apoderado de aquellos que solían hacer de los estadios de futbol su segundo hogar.

No es casualidad que los partidos de la Liga MX se estén jugando con menos cantidad de aficionados que en épocas anteriores.

La ausencia de público debe ser tomada como una seria llamada de atención por la clase política mexicana que cree que todo marcha sobre ruedas.

El que no haya gente en los estadios significa que el país está mal, que la gente esta está deprimida por falta de dinero y temerosa por falta de garantías individuales.

Es triste aceptarlo, pero el futbol es sin duda el reflejo de un país que no encuentra el camino hacia la paz y la prosperidad.

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