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Impiden a Madres Migrantes Iniciar Huelga de Hambre para Pedir Asilo

November 29, 2018

Por Manuel Ocaño

Manuel Ocaño | La Prensa San Diego

Rosa Dubón caminó con dos de sus seis hijos rumbo al lugar donde iniciaría junto con otras madres migrantes una huelga de hambre en demanda de que el gobierno de Estados Unidos agilice los procesos de solicitud de asilo en la garita peatonal Ped West.

“Yo no puedo regresar a Honduras. Allá por más que trabajo no me alcanza y es como dejarles a mis hijos una vida de pobrezas, de hambre”, explicó momentos antes de marchar con otras nueve personas al ayuno.

En el Departamento de Colón, en el Atlántico caribeño, Rosa, de 40 años trabajaba como lavandera, “pero es muy poco lo que se gana y no hay otros trabajos; o sea que ser lavandera para vecinos en un barrio pobre es casi nada”, dijo.

Ella viajó con sus hijos menores como pudo por medio Honduras, Guatemala y todo México, a veces a pie; otras en vehículos de conductores que se compadecían, bajo la lluvia, con insomnio porque había que reiniciar temprano.

“Fue más de un mes y fue difícil, pero gracias a Dios la gente de México siempre nos ayudó, nos tendió la mano”.

Pero en el refugio donde las autoridades en Tijuana la alojaron junto con otros miles de migrantes, los días pasaban cerca del destino que buscaba, Estados Unidos, y aunque la distancia física sea breve, el saber que enfrentaba una espera de meses, o tal vez de años, le pareció desesperante.

La plática sobre la huelga de hambre inició entre migrantes el martes. Para el jueves en la mañana algunos de ellos hablaron con la prensa y estaban dispuestos a comenzar un ayuno en que los migrantes se fueran rotando.

Los voluntarios para comenzar la huelga, como Rosa, demandan que el gobierno de Estados Unidos envíe más oficiales de asilo y recursos a la frontera.

Antes de que llegara la Caminata Migrante pro la Vida, comúnmente conocida como caravana, en Tijuana había dos mil 800 migrantes registrados en un libro de bitácora que los mismos migrantes llevan a la espera de pasar al paso peatonal Ped West a entrevistarse con oficiales federales de asilo.

Entonces la espera promedio era de unas seis semanas, a veces un poco más.

Pero poco antes de que la caravana llegará a Tijuana, el presidente Donald Trump cambió las reglas para solicitar asilo.

Ahora, dijo el mandatario, los migrantes que quieran pedir asilo tienen que permanecer en México mientras Estados Unidos decide su caso. Además, huir de la pobreza y la violencia dejaron de ser motivos para otorgar el asilo en la administración Trump.

La magistrada Olga Sánchez, secretaria entrante de Gobernación en México, calculó que la espera para que Estados Unidos atienda peticiones de asilo de miembros de la caravana “podría tomar hasta 18 meses, tal vez más”.

“Por eso tomamos la decisión” de comenzar entra varias madres y padres de familia la huelga de hambre, dijo Rosa.

Pero su plan quedó frustrado cuando al caminar apenas media calle rumbo a la garita, docenas de policías federales y agentes de migración mexicanos impidieron el paso al contingente.

Extraoficialmente un agente dijo que no podían permitir que el gobierno de Estados Unidos considerara que debía cerrar nuevamente la garita de San Ysidro como media de seguridad.

“Pero yo no entiendo que pueden temer a un grupo de padres de familia que vamos pacíficamente a pedir que por favor se tienten el corazón y nos dejen explicar nuestros casos un poco más pronto”, dijo uno de los migrantes voluntarios para el ayuno.

David Abud, un activista que apoya a los migrantes en la caravana, dijo que cada día pasan en promedio entre 40 y 100 personas a presentar sus argumentos para pedir asilo a PedWest.

Con 2,800 en espera antes de la caravana, más 6,051 –hasta el jueves—que habían llegado al refugio, y las condiciones más estrictas para escuchar peticiones, se trata de una espera formidable e innecesaria.

“Si tuvieron los recursos para movilizar a cerca de 6,000 soldados con equipo y maquinaria pesada, por qué no tendrían un poco para traer a la frontera más abogados y jueces y ayudar a tanta gente tan necesitada”, exclamó Abud.

Rosa con sus dos pequeños tomados con ambas decía que “no sé, no sé qué voy a hacer; qué vamos a hacer pues. Si ni esto –la huelga de hambre—podemos hacer para que nos escuchen”.

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