Commentary, SPORTS

Un Abrazo a Nuestras Hijas

January 29, 2018

Por Léon Bravo

Hace un par de noches invité a mi hija a cenar porque sentí la necesidad de expresarle mis miedos.

A sus 18 años de edad, ella es un chica que perfectamente distingue lo malo y lo bueno, lo que está bien y lo que está mal, lo que no se debe de hacer y lo que sí está permitido.

Mi temor no es que su libre albedrío la lleve a cometer errores, al fin y al cabo, quién de nosotros no ha cometido uno.

Mi miedo es que a su corta edad todavía no alcance a comprender la bajeza a la que pude llegar un ser humano.

Hombres disfrazados de lobos a los que sus más bajos instintos animales los llevan a cometer actos de lesa humanidad.

Monstruos vestidos con saco y corbata de apariencia respetable pero que en realidad son las escorias de la vida.

Al ver, escuchar y leer los recuentos de las más de 100 gimnastas de Estados Unidos que fueron acosadas y ultrajadas por el doctor Larry Nassar, mi alma me pidió buscar a mi hija, y eso fue lo que hice.

Dentro del restaurante donde la invité a cenar, con una taza de café en la mano y mirándola directamente a su bello y tierno rostro, le abrí mi corazón.

“Tú siempre puedes contar conmigo para contarme tus cosas, para pedirme un consejo, para apoyarte en lo que necesites”, le comenté.

Con los ojos llorosos y la voz entrecortada por lo frágil que me sentía en ese momento, le dije a mi hija que no quería que nada malo le sucediera y le pedí que tenga la valentía de apartar de su vida a aquellos que quisieran hacerle daño.

Le aconsejé que no se fiara de nadie, que no cayera en trampas seductoras, que nunca dijera sí cuando en realidad quería decir no.

Le advertí que tiene que ser fuerte, que debe aprender a cuidarse sola porque yo no estoy con ella todo el tiempo y porque algún día partiré para siempre.

Le dije que el mundo es bello, pero que dentro del paraíso también existen arpías, dragones de fuego, criaturas insanas.

Los emotivos relatos de las gimnastas en la corte donde se juzgó a Nassar son en realidad los gritos desgarradores de jóvenes desesperadas que por mucho años nadie quiso escuchar.

Las lágrimas, el llanto y la tristeza que embargaban los rostros de las víctimas debe de reflejarse en todos nosotros como si tratara del sufrimiento de nuestras propias hijas.

Como padres, tenemos la obligación de siempre escuchar a nuestras hijas, de siempre creerles, de siempre estar con ellas para darles un abrazo cuando más lo necesitan.

Las acciones de Nassar constituyen el abuso sexual más grande en la historia del deporte en los Estados Unidos.

Es nuestra obligación evitar que algo así no vuelva a suceder.

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