Editorial, SPORTS

Polvorín Veracruzano

February 21, 2017

Por León Bravo 

Foto: IMAGO7

Foto: IMAGO7

Fue un acto de barbarie lleno de cobardía cometido por una jauría de locos.

Las escenas que se pudieron apreciar por televisión correspondían a las de una sociedad enferma, a las de hombres actuando como verdaderos animales, a las de criminales disfrazados de aficionados de fútbol.

Pocos minutos antes de que concluyera el partido del viernes pasado que Veracruz perdió 3-0 ante Tigres, se desató una vorágine en las tribunas del Estadio Luis “Pirata” Fuente.

Los seguidores de los Tiburones protagonizaron uno de los actos más viles, insensatos e inhumanos que me haya tocado ver en una transmisión deportiva.

En la parte más alta del estadio, miles de fanáticos del conjunto veracruzano tendieron una emboscada para cazar vivos a los pocos seguidores de Tigres que se encontraban en el inmueble.

Envestidos con armas punzocortantes, y muchos de ellos absortos de alcohol y drogas, los miembros de la porra de Veracruz, la Barra 47,  agredió a los Libres y Lokos de Tigres.

En la trifulca aparecieron picahielos, navajas, y cuchillos. Empujones, golpes, y patadas colmaron las gradas del estadio.

La  sangre de aficionados heridos corría a borbotones mientras los elementos de seguridad se dedicaban solamente a mover sus macanas al aire pero sin tener la menor intención de intervenir  para tratar de parar la trifulca.

En la cancha la desesperación hizo presa del técnico de Tigres, Ricardo Ferretti, quien a grito pelado encaró a uno de los policías para que tratara de hacer lago.

“¡Manda más policías allá arriba cabrón!” le imploraba Ferretti al oficial que no se inmutaba ante los gritos del entrenador ni ante la violencia en las gradas.

“Pinche policia de mierda no sirven ni para un carajo”, se escuchó decir a uno de los jugadores de Tigres que desde la cancha trataba de calmar los ánimos en las tribunas.

Jesús Dueñas, uno de los jugadores de Tigres que trató de calmar a los energúmenos, recibió un botellazo en su mano derecha que le ocasionó una grave cortada que le hizo sangrar profusamente.

La explosión de violencia que se vivió en el inmueble terminó con al menos medio centenar de lesionados, pero de manera por demás increíble, la policía veracruzana no realizó un solo arresto.

La situación política, social, y económica que se vive en Veracruz hace de este estado de la Republica Mexicana un verdadero polvorín.

La frustración de la gente del puerto jarocho es ya incontenible y el viernes pasado su sentimiento enfermizo de desilusión se reflejó en el estadio de fútbol, lugar que para muchas familias es el único refugio de paz y diversión que pueden tener.

Para que actos como este no vuelvan a ocurrir, la Liga MX está obligada a desterrar la violencia de los estadios para evitar que en poco tiempo los inmuebles se conviertan en guaridas de criminales.

 

Las autoridades por su parte, deben ejercer todo el peso de la ley sobre estas lacras que no merecen más que pudrirse en una cárcel.

 

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