Editorial, SPORTS

No Tenemos Perdón

June 12, 2017

Por León Bravo

La historia que to voy a contar en esta ocasión es un fiel reflejo de lo bajo que hemos caído como los seres humanos, de la podredumbre en la que hemos convertido a nuestra sociedad.

Mili Hernández es una niña de ocho años de edad que practica el fútbol en el estado de Nebraska.

La pequeña de origen mexicano es menudita, de piel morena y usa el cabello muy corto.

La semana pasada, Mili se encontraba con su equipo participando en un torneo en el que alcanzaron la gran final.

Cuando la escuadra de Mili se presentó a la cancha para disputar el partido que decidiría al campeón de la categoría, los organizadores del evento impidieron que el juego se llevara a cabo.

A su corta edad, Mili ya da muestras en la cancha de poseer una habilidad muy especial para jugar futbol.

Ella es muy veloz, maneja el balón con ambas piernas y tiene un disparo muy potente.

Entre los organizadores del torneo, Mili despertó sospechas infundadas.

Por las grandes cualidades que tiene para dominar el balón, y por usar el cabello muy corto, los directivos aseguraban que Mili no era mujer, sino que era hombre.

Bajo esa estúpida conjetura, los organizadores descalificaron al equipo de Mili para jugar la final del torneo.

Cuando la pequeña se enteró de lo que estaba sucediendo, su reacción fue la que se podía esperar de cualquier pequeña a la que se le están levantando falsos.

“No porque parezca niño, quiere decir que soy hombre”, dijo la pequeña, quien se mostraba acongojada por la acusación que se le imputaba.

Los padres de Mili trataron de solucionar la situación mostrando la credencial con la que registraron a su hija en la liga local de futbol.

El documento indica claramente que Mili es del sexo femenino y por lo mismo ella está en todo su derecho de poder jugar en esa categoría.

“No es justo que descalifiquen a mi equipo por esto, no hay ninguna razón”, dijo Mili con lágrimas en los ojos mientras era entrevistada por una estación local de televisión.

La sociedad que hemos construido nos ha llevado a cometer actos de intolerancia como el que le ha sucedido a Mili.

Juzgamos las apariencias sin ponernos a recapacitar en las consecuencias que nuestros malsanos pensamientos pueden crear.

Nos hemos convertido en una jauría de lobos celosos dispuestos a devorar a aquellos que no cumplen con los estereotipos impuestos por una sociedad retrógrada.

A su muy corta edad, Mili ya sabe lo que es ser víctima de la discriminación y del sexismo.

A su muy corta edad, Mili ya sabe que su apariencia será un obstáculo para poder conseguir cualquier meta que se proponga en la vida.

Los seres humanos somos tan enfermizamente perversos que ya no nos importa herir los sentimientos de una inocente niña de pelo corto que lo único que quiere es que la dejen jugar futbol.

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