Editorial, SPORTS

La Dignidad No Se Compra

May 8, 2017

Por León Bravo

El día del pesaje, Chávez Jr. se presentó en el estrado del Hotel MGM viéndose como un verdadero zombi. foto: fansided.com

Llegó muerto a la cita más importante de su vida.

El día que debió mostrarse ante el mundo como un hombre fuerte, impetuoso e indomable, se vio como un esparadrapo que inspiró lástima, pena y tristeza.

Julio César Chávez Jr. pagó un precio muy alto al tener que ponerse 10 libras debajo de su peso natural para enfrentar el pasado 6 de mayo a Saúl “Canelo” Álvarez.

El día anterior al combate que se efectuó en la T-Mobile Arena de Las Vegas, el hijo de la leyenda del boxeo mexicano se presentó a la ceremonia del pesaje oficial mostrando un rostro cadavérico producto de los sacrificios que tuvo que hacer para dar las 164 libras.

La noche del 4 de mayo, Chávez Jr. se fue a dormir sin haber probado alimento todo el día y sin haber bebido ninguna clase de líquidos.

Lo único que sus allegados le dieron esa fatídica noche para tratar calmar su ansiedad fue un algodón remojado en agua para que se pudiera quitar la resequedad de sus labios.

Era imperativo que Chávez Jr. llegara a la ceremonia del pesaje en las 164 libras o de lo contrario se le castigaría con un millón de dólares por cada libra que estuviera arriba del peso establecido en el contrato de la pelea.

El día anterior a la ceremonia del pesaje, Chávez Jr. debió someterse a un brutal régimen de deshidratación para poder cumplir con lo establecido.

Interminables sesiones en cuartos de vapor, encerronas dentro de un sauna y ejercicios saltando la cuerda fue lo que Chávez Jr. tuvo que hacer, sin probar alimentos ni líquidos, para llegar al peso que “Canelo” le impuso en el contrato.

El día del pesaje, Chávez Jr. se presentó en el estrado del Hotel MGM viéndose como un verdadero zombi.

Su rostro desencajado, pálido y compungido, denotaba los rigores de la deshidratación a la que fue sometido.

Desde ese mismo momento, Chávez Jr. ya había perdido el combate ante “Canelo”.

El día del pleito, Chávez Jr. subió al cuadrilátero sin fuerza, sin energía, sin arrebato alguno para tratar de consagrarse como el mejor boxeador mexicano de la actualidad.

Disminuido en sus facultades físicas, Chávez Jr. fue una presa muy fácil para el pelirrojo de Guadalajara, quien hizo lo que quiso con rival en turno.

Chávez Jr. apenas alcanzó a conectar 71 golpes en los 12 rounds que sostuvo con “Canelo”, la exhibición del hijo de la leyenda fue patética.

Arriba del ring, Chávez Jr. dio lástima, pero más penosa fue su decisión de aceptar todas las condiciones que “Canelo” le impuso para que la pelea se llevara a cabo.

El deseo desmedido de agenciarse la bolsa más grande en su carrera hizo que Chávez Jr se convirtiera en un vendido más del boxeo.
La codicia llevó a Chávez Jr. a manchar el honor y el prestigio que conlleva portar el apellido del boxeador más grande que haya tenido México.

El pasado 6 de mayo, Chávez Jr. dejó su imagen por los suelos y quedó muy claro que lo único que le queda hacer en el boxeo es retirarse antes perder la poca dignidad que le queda.

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