Editorial, SPORTS

Impacto

February 6, 2017

Por Léon Bravo

Ya crucé el umbral del medio siglo de existencia y gran parte de mi vida la he dedicado a ver deportes en la televisión.

En todos estos años me ha tocado atestiguar eventos en los que se han impuesto marcas insuperables, en donde han crecido leyendas inmortales, y en los que se han escrito epopeyas increíbles.

En este tiempo, también he tenido la desgracia de presenciar tragedias que en el mismo campo de batalla le han costado la vida a poderosos atletas.

En mi memoria ha quedado grabada aquella patada voladora con la que Rey Misterio Jr. terminó con la vida del Hijo del Perro Aguayo en el Auditorio Municipal de Tijuana.

No se me olvidan tampoco jugadas dramáticas que han dejado a jugadores de fútbol americano paralizados del cuello hacia abajo.

Todavía recuerdo como si fuera ayer el golpe con el que hace 38 años Jack Tatum demolió a Darryl Stingley.

En un juego de pretemporada entre Raiders y Patriots, el esquinero de Oakland  dejó cuadripléjico al receptor Nueva Inglaterra.

Aquella imagen fue tan dramática, que mi mente nunca la ha podido borrar.

El martes pasado me tocó ver otra aterradora escena que de momento me heló la sangre pensando que estaba viendo la irremediable muerte de un joven futbolista.

En el partido de la Copa MX entre Xolos de Tijuana y Correcaminos de Ciudad Victoria, Yasser Corona estuvo muy cerca de perder la vida.

En un centro por alto, el zaguero de Xolos y un elemento de Correcaminos fueron a buscar el balón al mismo tiempo.

En la acción, el jugador de Ciudad Victoria intentó cabecear el esférico, pero al fallar conectar la pelota, su frente se fue a estrellar en la parte posterior del cráneo de Corona.

Tras el impacto, el zaguero de Xolos quedó inconsciente y en su caída al césped artificial del Estadio Caliente su rostro golpeó la superficie de muy fea manera.

De inmediato, los jugadores que rodeaban a Corona se dieron cuenta de que su compañero de profesión se encontraba en grave peligro.

Dos integrantes de los Xolos se acercaron a Corona para desesperadamente tratar de abrirle la boca porque el jugador golpeado se atragantaba con su propia lengua.

Los doctores del equipo de Tijuana ingresaron rápidamente a la cancha para abrir la boca de Corona e instalarle una canilla que permitiera la entrada de oxígeno a los pulmones y cerebro del jugador.

Mientras los médicos hacían todos los esfuerzos necesarios, el futbolista permanecía inerte.

Corona no movía las piernas, no movía las manos, sus ojos estaban completamente cerrados y su rostro no denotaba ninguna inflexión.

Mientras observaba lo que sucedía en la cancha, sentí mucho miedo, sentí desesperación, sentí una gran tristeza.

De verdad creí que estaba presenciando la muerte instantánea de un joven que a través del futbol trataba de alcanzar fama y fortuna.

Corona fue estabilizado en la cancha de juego y después trasladado a un hospital donde un día después se le efectuó una operación para repararle la fractura de una vértebra y un disco.

Afortunadamente, el jugador de Xolos está fuera de peligro, los doctores que lo atendieron en el momento del accidente le salvaron la vida.

Pocas veces, estando enfrente de un televisor, he sentido la impotencia como la que experimenté al ver como Corona se debatía entre la vida y la muerte.

Espero nunca más tener que volver a ser testigo de algo igual.

 

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