Commentary, SPORTS

Crucifixión a la Mexicana

July 27, 2017

Por León Bravo

Su vía crucis fue largo y tormentoso.

La ruta de su calvario lo llevó a promulgar sus creencias filosóficas por dos continentes.

Desesperado por convencer a los demás de que su palabra es la verdad absoluta, trató por todos los medios de evangelizar a los que nunca creyeron en él.

Sus discípulos lo acompañaron a lo largo de todo el recorrido, pero cuando se dieron cuenta que la misión de convencimiento era imposible, lo dejaron solo.

Su llegada al lugar donde lo sacrificarían, fue un espectáculo triste en donde el odio y el rencor se hicieron presentes.

Ante la multitud que pedía su sangre, el redentor caminaba a paso lento, con la espalda encorvada, cabizbajo y con el rostro desencajado.

Entre el manto verde que lo cubría, trataba de esconder la vergüenza que sentía.

Se le notaba abatido, cansado, derrotado.

La turba que pedía su sacrificio le gritaba improperios, le recriminaba su terquedad, le recordaba sus fracasos.

Esos momentos tan difíciles los debió soportar él solo.

Los apóstoles que alguna vez compartieron el pan y el vino con él, lo traicionaron, le dieron la espalda, lo entregaron al pueblo encolerizado.

La llegada de Juan Carlos Osorio al Aeropuerto Internacional de la Ciudad de México fue una escena que bien pudo haber sido la representación simbólica de un Jueves Santo.

Después de una gira de dos meses que lo llevó a diputar la Copa Confederaciones en Rusia, y la Copa Oro en Estados Unidos, el técnico de la selección mexicana sufrió las consecuencias de entregar fracasos en lugar de éxitos.

En la terminal aérea de la capital azteca, Osorio debió de aguantar el desprecio de aquellos que ya no lo quieren en el puesto.

“Regrésate a tu país cabr….” Eres un pende…” “Tus rotaciones no sirven güe…”

Esas eran algunas de las exclamaciones de un pueblo dispuesto a linchar al entrenador colombiano que en tres torneos oficiales ha sido eliminado de manera vergonzosa.

La humillante derrota de 7-0 ante Chile en la Copa América Centenario, la goleada de 4-1 en la Copa Confederaciones, y la ridícula eliminación de 1-0 a manos de Jamaica en la Copa Oro, fueron los clavos que crucificaron a Osorio.

El técnico sudamericano ha perdido la batalla por hacer que sus creencias le abrieran la puertas del paraíso eterno.

Sus pensamientos vanguardistas chocan con el pensamiento conservador, y a veces retrógrado, de aquellos a los que trató de convencer.

Osorio nunca claudicó en su misión de propagar el evangelio futbolístico del que él es fiel creyente.

Su convicción lo llevó a escoger el camino del sufrimiento y las afrentas en lugar de tomar la verdad del arrepentimiento.

Osorio fue víctima de su terquedad, pero también fue víctima de aquellos que solamente sacian su sed de venganza cuando ven correr la sangre del revolucionario al que consideran su enemigo.

A pesar de las vergonzosas derrotas, a pesar del desprecio del pueblo, a pesar de no contar con discípulos que lo apoyen, Osorio ha prometido revivir.

El colombiano dirigirá a la selección mexicana en el Mundial de Rusia, tal vez sea ahí donde veamos el milagro de su resurrección.

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