Commentary, SPORTS

Con Olor a Muerte

April 16, 2018

Por León Bravo

En situaciones desesperadas es en las que el ser humano saca una fortaleza inusitada para tratar de sobrevivir.

Morir sin luchar es una opción que nuestro instinto de supervivencia rechaza.

Cuando la muerte acecha, se activan todo tipo de alarmas físicas, mentales y emocionales para resistir hasta el último momento.

Intrínsecamente, nos aferramos a la vida desde el primer minuto en que fuimos concebidos.

La semana pasada, me encontraba con con un amigo viendo el partido de cuartos de final de la Champions League entre el cuadro de la Roma y el Barcelona.

El equipo italiano requería vencer por marcador de 3-0 al club catalán para cumplir un épica remontada.

Casi nadie, si no es que nadie, pensaba que la Roma sería capaz de vencer con tanta holgura a la gloriosa escuadra blaugrana comandada por el mejor jugador del mundo, Leo Messi.

Con todo que ganar y nada que perder, el equipo italiano se lanzó al frente, presionó a su rival, desató una fuerza nunca antes desplegada y terminó por escribir una hazaña histórica.

“Por qué será que cuando los equipos están al borde de la eliminación juegan como nunca antes lo habían hecho”, preguntó mi compañero al término del encuentro.

“Es el instinto natural de supervivencia, es morir o matar”, le respondí.

Estos partidos de futbol, en los que un equipo está obligado a ganar para seguir adelante en su búsqueda de un título deportivo, suelen ser una copia fiel del teatro de la vida.

Un desahuciado nunca deja de luchar, nunca deja de pelear, nunca deja de creer que un milagro se puede llegar a concretar.

La esperanza es simple y sencillamente el miedo disfrazado de ilusión y optimismo.

Conforme pasan los minutos para que se cumpla la inevitable sentencia, el alma nos avisa que el final se acerca pero el corazón sigue luchando.

La batalla es feroz, es agotadora, es tremenda, pero intentar ganarla hace que todo sacrificio valga la pena.

Es muy común escuchar la expresión de que un equipo “salió a morirse en la cancha”.

En el caso del equipo de la Roma, más que salir a morirse en la cancha, yo diría que salió a no morirse en la cancha.

El equipo italiano, desahuciado por todos, salió a la cancha a no morirse ante el Barcelona, salió a la cancha a dar una lección de supervivencia, salió a la cancha a tejer un milagro.

Los condenados a fenecer, tarde que temprano, suelen hacer lo mismo desde su lecho muerte.

Con toda su voluntad y todos sus deseos, siguen luchando, siguen combatiendo, siguen viviendo.

Un día, toda esa agonía transformada en esperanza cede ante lo inevitable y la batalla termina.

El final es el mismo para todos, pero en el libro de la vida quedará marcado para siempre el capítulo de la épica batalla que dimos antes de caer vencidos.

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