Editorial, SPORTS

Autoridad

March 13, 2017

Por Léon Bravo

Impunidad, tráfico de influencias, despotismo, compadrazgos, y componendas: síntomas inequívocos de que un país está infectado de la mortal enfermedad llamada corrupción.

Lo que pasa en el entorno de una nación se refleja en todas las actividades de su sociedad.

Un país hundido en la podredumbre de un sistema que no imparte justicia está condenado a vivir en un caos crónico y eso mismo es lo que le está sucediendo al fútbol mexicano.

La histórica huelga de árbitros que se registró en la primera división la Liga MX es el claro ejemplo de un grupo de valientes dispuesto a ponerle punto final al sistema corrupto que los rige.

La intrépida decisión de los nazarenos se generó a consecuencia de que el grupo que ostenta el poder del balompié azteca se negó a ejercer justicia.

El golpe con la cabeza que Pablo Aguilar,jugador del Club América, le dio al árbitro Fernando Hernández, y el empujón que el delantero del Toluca, Enrique Triverio, le propinó al colegiado Miguel Ángel Flores, son agresiones que de acuerdo al reglamento internacional se castigan con un año de suspensión.

En aras de proteger los intereses de los poderosos dueños de los equipos, la cúpula dictatorial que rige al fútbol mexicano decidió no aplicar la sanción que las agresiones conllevan.

El presidente de la Federación Mexicana de Fútbol y el de la Liga MX confabularon un plan para no afectar de sobremanera a los clubes de los jugadores que infringen el reglamento.

En lugar de suspender un año a Aguilar y Triverio, los directivos mexicanos optaron por imponer una sanción de 10 partidos al jugador del América y ocho al de Toluca.

En cuanto se enteraron del veredicto, los árbitros mexicanos unieron fuerzas para decretar el primer paro de silbantes en la historia del fútbol mexicano.

Con esa determinación, los colegiados enviaron un mensaje claro y sonoro en contra de la impunidad y en favor de la justicia.

Los árbitros, al igual que el resto de la sociedad mexicana, ya están hartos de que sus derechos no sean respetados.

Dejar de castigar con todo el peso de la ley a aquellos que han violado las normas de convivencia es llevar a un país al abismo de la anarquía.

No se entiende cómo es que teniendo todas las evidencias necesarias para castigar de manera ejemplar a los culpables, las autoridades competentes se conformen con aplicar castigos superficiales.

La presión que ejercieron los silbantes surtió efecto, descarrilar la jornada 10 del Torneo Clausura 2017 obligó a los federativos a reconsiderar las sanciones en contra de los agresores.

El lunes, los árbitros vencieron en su lucha al conseguir que Aguilar fuera suspendido un año por el cabezazo y Triverio 15 partidos por el empujón.

Con su huelga, los colegiados lograron enarbolar dentro del deporte la bandera de la justicia, la equidad, el orgullo y la dignidad.

Si el ejemplo de los árbitros trasciende al resto de la sociedad mexicana, muy pronto veremos movimientos masivos de una sociedad exigiendo el fin de un sistema en donde la impunidad se ha convertido en la madre de todos los males.

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