Editorial

Los Nubarrones

May 15, 2019

Por Francisco Barbosa

En el horizonte económico y político se observan visos de crisis. La economía mundial se descompone en temas comerciales y financieros, la economía regional no ha podido resolver en definitiva el alcance de la renegociación del TLC ni la firma del nuevo acuerdo comercial, y la economía mexicana está próxima a una recesión de alcances impredecibles.

El capítulo político no es menos desfavorable. El proceso electoral 2020 en los Estados Unidos está en pleno arranque, el discurso se torna irreconciliable entre las fuerzas opositoras y los candidatos a ocupar los liderazgos quienes agudizan las tácticas de descalificación y confrontación, amén de las desavenencias entre el poder ejecutivo, el legislativo y el judicial.

El cambio de régimen pregonado por el presidente mexicano Andrés Manuel López Obrador no tiene claridad. El descalificado modelo neoliberal no ha sido sustituido y las propuestas de nuevas políticas públicas parecen resultado de rancios esquemas populistas que se basan en la dádiva a grupos marginados, pero que no logran impactar en la economía real ni ampliando la demanda ni fortaleciendo al sector productivo.

Los expertos anuncian que los indicadores macro y microeconómicos cada día son más alarmantes. El crecimiento está lejos de acercarse a los niveles prometidos y cada día se alejan de los registros históricos. La inversión no se traduce en nuevos proyectos de inversión y sólo se justifica por el diferencial de tasas de interés en los mercados especulativos. Esos recursos son de plumaje ligero que emigran a conveniencia en cuestión de segundos.

Pero lejos de que el pesimismo nos arrolle, es momento de reconocer que también es tiempo de las oportunidades. Hay que deshacerse de las pesadas cargas que la inercia de engañosos “nichos de confort”. Los miles de desempleados que ocuparon, sin oficio ni beneficio, las nóminas oficiales, hoy se ven obligados a tocar puertas que les puedan garantizar la recuperación de los ingresos familiares. Su experiencia y madurez debe ser alentada para que se sumen al esfuerzo de reconstrucción de la confianza dañada por años de corrupción e impunidad.

El presidente López Obrador está obligado a realizar un recuento de sus primeros meses de gobierno, caracterizados por el aislamiento y toma de decisiones personalísimas. Debe evolucionar y abandonar los rounds de sombra que acostumbra realizar cotidianamente en donde al final de la jornada se le revierten sus injurias. Es momento de sumar y abrir espacios de colaboración, todavía la popularidad le juega a su favor, pero no por mucho tiempo. No hacerlo sería invocar al dios Tláloc para que las nubes se tornen en huracanes de destrucción y daños indeseados.

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