Editorial

Los López

March 13, 2019

Por Antonio Barbosa

Cortesia / Presidencia de México

Hoy se han puesto de moda los estudios del ADN, que como resultado de los espectaculares avances de la ciencia, hoy es asequible realizarlos conocer nuestras raíces genéticas.

De esa manera, es factible identificar herencias históricas que condicionan reacciones y conductas. Me baso en ese material para tratar de identificar, de manera especulativa y/o fantasiosa, las posibles influencias que por lazos biológicos sistémicos, el presidente López Obrador puede estar vinculado.

En el campo de las referencias políticas, viene a mi mente Antonio López de Santa Anna, aquel excéntrico personaje del siglo XIX sobre el que pesan graves juicios históricos como el daño que propició a la nación por ser el causante de la pérdida la mitad de nuestro territorio. Pero Antonio de Padua María Severino López de Santa Anna y Pérez de Lebrón (1794-1876), ocupó 11 ocasiones la primera magistratura a manera de dictador vitalicio, fue un animal político, en el mal sentido de la palabra, que se las arregló para poder, con diferentes cachuchas gobernar un país que se caracterizaba por su debilidad institucional.

Pero algo que de manera directa parece influir genéticamente en el comportamiento de López Obrador, es la manera frívola con la que ejercía el poder, sus formas eran poco convencionales, dicharachero por excelencia, tenía un humor que rayaba entre lo negro y lo irreverente, nunca dejaba de sucumbir ante la obsesión del mando político, era astuto y mañoso y, al final de cuentas, casi siempre se salía con la suya. Libró singulares batallas como la Guerra de los Pasteles. Enfrentó una guerra contra los Estados Unidos en la cual perdió una pierna a la que se le rindieron los máximo honores. Fue exiliado y murió casi en el olvido después de recibir una amnistía concedida por el Presidente Lerdo de Tejada.

Otro López, también de malos recuerdos fue José, de apellido materno Portillo. Hombre de singular talento exploró las letras y en una novela premonitoria se creyó encarnado en Quetzalcóatl. Sin posibilidades políticas reales, su estrecha cercanía con el Presidente Echeverría lo catapultó a la presidencia de la República. De él quedan marcados dos extremos temporales, el del su discurso inaugural con el que deslumbró a una nación que se encontraba desilusionada y viviendo una grave crisis de identidad, y el del último informe de gobierno en el que con montado en el llanto pedía perdón por haberles fallado a los pobres con los que se había comprometido, pero que con un gobierno frívolo había dispendiado la riqueza petrolera dejando al país sumido en una de sus más graves crisis económicas y políticas.

El último López que analizo es más bien producto de una imaginación genética paranoica; “Pancho”. Pancho López es el personaje de una canción infantil que cuenta la breve y acelerada historia de un menor que transitó por la vida de una manera fugaz. Hoy me parece que su imaginario pariente quiere vivir con esa prisa su presidencia. No se si Andrés Manuel presentó, el pasado 8 de marzo, su primer informe presidencial, o el último. Cosas de la imaginación. Risa o llanto.

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