Editorial

Las Contingencias

October 4, 2017

Por Francisco Barbosa

Como un recurso para esquivar responsabilidades, a las autoridades les ha resultado muy cómodo, en su reducido entender y muy redituable beneficio, calificar los eventos que ponen a prueba sus capacidades administrativas y políticas como eventos “atípicos”, lo mismo para fenómenos naturales –huracanes, inundaciones, temblores- como para hechos sociales -protestas, inconformidades, manifestaciones, encuestas-.

Pero lo que en realidad sucede es que en su limitada capacidad de autocrítica y autoengaño, derivado de los enormes recursos que utilizan para mantener la imagen en los medios, así como los enormes y costosos ejércitos de aduladores que los rodean, generan un espacio de desencuentro con una sociedad que demanda resultados y acciones efectivas que reduzcan no sólo los efectos temporales de los costos de reconstrucción, sino lograr que las acciones de gobierno realmente se traduzcan en beneficios tangibles de mejora en la calidad de vida.

Los más elementales textos de administración distinguen la diferencia de planear y ejecutar en espacios controlados y estables, respecto de las exigencias e imponderables que se presentan en ambientes agitados y caóticos. El mundo hace mucho que dejó de ser predecible. En cuestión de horas, y a veces en fracciones de segundos, todo se torna incontrolable, las recetas tradicionales dejan de ser funcionales y los efectos de los cambios inesperados difíciles de manejar y dominar.

Frente a esa cruda realidad, con inteligencia y la creatividad se han desarrollado y diseñado herramientas que permiten enfrentar la inestabilidad; a eso se le denomina “planeación contingente”, que no es nada más allá que poder reaccionar propositivamente ante la fatalidad. Lo mismo para el piloto de una aeronave que se ve sometida a una situación emergente por malfuncionamientos o condiciones climáticas adversas, el médico que ve inesperadamente agravada una cirugía, el abogado que enfrenta eventos supervinientes, el ingeniero que en sus cálculos no consideró situaciones extremas. Todos ellos tienen que actuar en la incertidumbre de la sorpresa y sortear la emergencia de ser víctimas colaterales.

Los políticos parecen estar a salvo de esa exigencia, ya que tienen una capacidad supina para resbalar responsabilidades, les es muy fácil ofrecer una enciclopedia de excusas para justificar sus fracasos. Pero lo que hoy está en juego es algo más que su irresponsabilidad, es la propia continuidad de las formas de armónica convivencia.

No es posible aceptar que una vida se vea cegada por la irresponsabilidad de los impartidores de justicia que se alían con delincuentes en contubernio para esquilmar al ciudadano. No es posible tolerar al funcionario encargado de la obra pública que por obtener pingües ganancias autoriza obras por debajo de los mínimos estándares de calidad y seguridad. No es posible mantenerse indiferente ante el gobernante que en una emergencia se muestra indolente y desparrama adjetivos a sus críticos mientras se solaza en la comodidad de su privilegiado entorno. No es posible mantener a políticos que lejos de cumplir con sus obligaciones se confabulan para obtener canonjías y beneficios personales a costa de la miseria de los gobernados.

Ante esos retos, es un alivio observar que ha despertado una generación de jóvenes comprometidos que han logrado percatarse, en buena hora, de su capacidad y que comprometidamente están dando el ejemplo de la acción solidaria e inteligente en beneficio de los demás.

Saludo a los jóvenes héroes de #IrmaFlorida; #FuerzaMéxico9-19; de #MaríaCaribe, de #Nomore-gunsVegas, de #EspañaUnida y múltiples muestras de fortaleza y solidaridad.

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