Editorial

La Planeación (Parte II)

August 3, 2017

Por Francisco Barbosa

El concepto de la planeación estuvo, por mucho tiempo, alejado del vocabulario de la toma de decisiones.

Se asumía que existía un destino manifiesto que estaba dictado por un orden natural o una superioridad divina, y que los eventos sucedían porque así tenían que suceder. Así fue como el hombre enfrentaba su realidad, había fuerzas incontrolables que determinaban todos los eventos; incluyendo los naturales, los personales, los familiares y los de la sociedad. El que algo ocurriera para bien o mal no estaba en sus manos determinarlo, estaba decidido y sólo quedaba afrontar, con resignación, las consecuencias.

En todo caso, se asumía que en otra dimensión serían recompensados si es que no se habían gozado bienes terrenales en esta vida. La fuerza de una “mano invisible” era la capacidad inercial que corregía las desviaciones y con el tiempo gradualmente se retornaría al equilibrio general; una ficción que crearon los precursores de la economía cuando apenas se empezaba a reconocer que el ser humano estaba dotado de capacidades para forjar, por sí mismo, su destino.

Después de la Segunda Guerra Mundial, la recuperación económica se orientó en dos rutas.

La primera estaba determinada por la participación del estado como rector de todas las actividades económicas y sociales modelo que fue adoptado por los países del bloque socialista donde la URSS era el eje rector y su elite determinaba que se producía, quién lo fabricaba y cuanto se consumía, alineados a la premisa ideológica de que a “cada quien de acuerdo a sus necesidades y sus capacidades”, una máxima comunista impulsada por sus fundadores en el marco de la planificación económica central. El resultado fue una crisis total propiciada por un grupo que detentaba el poder total y que el día de hoy todavía sigue predominando.

Del otro lado, los países del hemisferio occidental introdujeron una forma más participativa de funcionar. Si bien era necesario propiciar una racionalidad económica, está no era resultado de un ejercicio autoritario, sino de un diagnóstico meticuloso sobre lo que es posible producir partiendo de criterios de eficiencia y beneficio general en los que la iniciativa privada asume la rectoría, correspondiendo al gobierno encargarse de prestar las condiciones necesarias para impulsar los proyectos de inversión.

Tampoco esa alternativa ha sido del todo funcional, la libertad de decisión no necesariamente se traducen en beneficios generales y grupos monopólicos se aprovechan de las ventajas que se les conceden sin compartir los beneficios con los consumidores en el afán de maximizar utilidades. El resultado se manifiesta en crisis financieras recurrentes que afectan el ritmo económico generando desempleo y fuerzas inflacionarias en detrimento de las mayorías.

Ante esos escenarios extremos se impone que las autoridades realicen esfuerzos consistentes para construir un nuevo modelo de desarrollo sustentado en los espectaculares avances tecnológicos, pero con una visión que privilegie una mejora generalizada en las formas de vida con calidad.

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