Editorial

La Negligencia

March 22, 2019

Por Francisco Barbosa

Por su definición gramatical, negligencia es la “falta de cuidado o descuido”. Una conducta negligente implica riesgo para uno mismo o para terceros y se produce por omisión de cálculo de las consecuencias previsibles y posibles de la acción. Por su parte, la negligencia administrativa es una omisión que recae sobre un servidor público por no cumplir cabalmente con la Constitución, la Ley y sus funciones y de la cual debe dar cuenta ante la autoridad judicial.

La historia del país está llena de capítulos de negligencias administrativas impunes. En todos los sexenios podemos encontrar ejemplos puntuales. Es un ejercicio poco constructivo traer a la memoria esos eventos que dejan mal sabor de boca o sentimientos de enojo y dolor. Sólo para refrescar la memoria reciente, el evento de la guardería ABC en donde murieron niños que no pudieron ser rescatados por falta de recursos mínimos como extinguidores suficientes, falta de protocolos de emergencia y la criminal conducta de funcionarios de alto nivel que ordenaron almacenar en un local contiguo toneladas de papel que contenía información incriminatoria, y el mayor enojo es que solo fueron llevados a la justicia funcionarios menores; los grandes responsables siguen en libertad gozando de prebendas y riquezas mal habidas.

Otro caso que conlleva una cicatriz social, es el que resultó del temblor de 19 de septiembre de 2017, cuando colapsó una escuela en la que también perdieron la vida muchos menores de edad al verse atrapados entre los escombros de un edificio escolar que no contaba con licencias de construcción y en las que la dueña del predio había construido irregularmente su residencia. La persona responsable se encuentra huida desde entonces y ninguna autoridad ha sido debidamente sancionada entre las que sobresale la propia nueva jefa de gobierno de la Ciudad de México.

Remató con el caso del socavón de la carretera México-Cuernavaca, en la que derivado de la pésima y costosa construcción de una carretera de cuota, dos personas fallecieron en las peores condiciones tras una agonía interminable. El responsable superior de la obra, el Secretario de Comunicaciones y Transportes, sobre el que pesan innumerables sospechas y acusaciones de actos de corrupción, fue protegido por el propio Presidente Peña que ordenó que las actuaciones de las autoridades no recayeran en el inepto y cínico funcionario ni en sus colaboradores cercanos. La lista es interminable

Con el cambio de gobierno federal, y tras una contienda electoral en donde la ciudadanía expresó su tajante rechazo a las prácticas de corrupción, impunidad y negligencia administrativa, en pocos días los nuevos funcionarios han desperdiciado el bono democrático traicionando la confianza en ellos depositada, como resultado de decisiones administrativas y políticas que han causado graves daños a la economía nacional y acarreado la tragedia en la que perdieron la vida, de manera absurda, decenas de habitantes de una humilde población que impulsados por la desesperación y la necesidad realizaron acciones imprudentes; y todo por una psicosis social que ha sido generada por las pésimas decisiones de autoridades en todos sus niveles.

Pero lo más delicado del asunto es que el Presidente López Obrador parece no reconocer la naturaleza de sus funciones y responsabilidades. Ha nombrado en cargos públicos a personas que carecen de experiencia y conocimientos como al Director General de Pemex que es agrónomo, o a la Secretaría de Energía de incipiente carrera pública, directos responsables de la tragedia de Tlahuelilpan localidad pérdida del Estado de Hidalgo que entra a formar parte de la enciclopedia de crímenes de lesa humanidad, en donde para variar no hay un solo responsable; suicidio social nueva categoría penal.

Pero algo todavía más lamentable, es posible que no sea el último acto de potenciales negligencias, el Presidente López Obrador cotidianamente días se encarga de derramar combustible político altamente inflamable con su desparpajada y caótica manera de ejercer el poder. Sus ocurrencias sumadas a la incapacidad del gabinete son bombas de tiempo que se esparcen por doquier, el costo para el país puede ser elevadísimo y propiciar inestabilidad política, económica y social. ¿A eso le estará apostando?

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