Editorial

La Incertidumbre

May 8, 2019

Por Francisco Barbosa

Cuando faltaban segundos para rebasar el límite constitucional el gobierno envió a la Cámara de Diputados el Plan Nacional de Desarrollo 2019-2024 para su análisis y aprobación. En nuestra entrega anterior consignábamos que se había incumplido el compromiso. El diferencial de horas y la falta de información oficial sobre la entrega nos hizo pensar que se había rebasado el plazo con las consecuencias correspondientes.

En los hechos, es como si eso hubiera sucedido, en más, hubiera sido preferible. Me explico, si bien se reconoce que la función planeación ha sido una actividad que históricamente los gobiernos, independientemente de su cariz ideológico (PRI-PAN o MORENA), no les inquieta atender más allá de cumplir tramitología burocrática, ese relevante instrumento para conducir un país, se ha convertido en un ejercicio sin mayor relevancia.

De su lectura cuidadosa se desprende que los Planes Nacionales de Desarrollo son una suerte de cartas a los Reyes Magos de los presidentes, en los que se describen el país maravilloso que cada uno ha soñado, pero no son resultado de rigurosidad técnica en su elaboración.

Carecen de diagnósticos detallados y en ellos se proponen cualquier tipo de metas que un grupo técnico aislado razona al margen de realidades presupuestales y capacidades de ejecución. Son un listado de buenos propósitos sin posibilidades reales de aterrizaje. Súmese que no se acompaña de unidades de medición, ni implica responsabilidad su incumplimiento.

Eso si, se acostumbraba realizar una ceremonia majestuosa para la entrega del documento, elaborado con portadas a todo lujo y papel de la mayor calidad, versiones digitales y cobertura de medios en un fastuoso escenario en los que el presidente y su gabinete subrayar las bondades de su inteligencia y compromisos supremos. Seis años más tarde sólo formaban parte de la basura oficial.

El presidente López Obrador, en su estilo desparpajado de gobernar, demostró que no le provocaba mayor inquietud e interés la elaboración del Plan Nacional de Desarrollo correspondiente a su gestión. No lo mencionó como prioridad en los seis primeros meses de su gobierno, tema ausente de las mañaneras se dio el lujo de entregar en horas fuera de horario, sin ningún protocolo oficial el documento cuyo formato dimensiona la importancia que se le asigna. De hecho no alcanza ni la categoría de plan, es un refrito de frases de campaña, sin bases técnicas y lleno de contradicciones e inconsistencias.

Así es su proyecto de gobierno. Una balsa con timonel pero sin remeros, velas o brújula, que tenga como destino puerto posible. En ese escenario se desempeña un gobierno que abusa del dicharacho matutino, la ocurrencia, los zig zags, la falta de respeto y la irresponsabilidad. Amén de descalificar cualquier crítica que se asume y califica como traición a la nación. Mayor cerrazón imposible.

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