Editorial, Espanol

El ‘PRI-ncipio’ del Fin

November 29, 2017

Por Francisco Barbosa

En el marco de escenarios desangelados, carentes de emoción, con insípidas manifestaciones de servilismo y poco decoro, se consumó el acto de unción del candidato del partido en el poder.

El primer escenario tuvo lugar en un semivacío salón de la residencia oficial que lleva el nombre de Adolfo López Mateos, un presidente de gran personalidad, curiosamente paisano del actual mandatario, pero de quién pervive la leyenda que pone en duda su lugar de nacimiento.

Con voz acartonada el anfitrión, cuya popularidad a contraste es la más baja que se tenga memoria, y con el retraso que caracterizan sus descortesías en los actos públicos, da cuenta de la anunciada renuncia del titular de la cartera de Hacienda y Crédito Público al que se le endilgan empalagosos elogios por una espectacular carrera pública de sólo siete años en los que ha ocupado cuatro carteras; un promedio de dos años en cada una. Vaya meteórico desempeño.

No hay quién pueda ofrecer credenciales tan relevantes, pero al mismo tiempo tan insignificantes en cuanto a resultados. La crisis de los energéticos, una economía que no despega, la pobreza incontenible, endeudamiento histórico y unas relaciones exteriores en donde se juega el papel de dama de compañía en lugar de actor de propuestas y causas trascendentes. El titular del ejecutivo se muestra agradecido y le desea la mayor de las suertes en sus siguientes tareas cualquiera que estas sean; ni más ni menos que aspirar ocupar esas instalaciones en 365 días, el designado no acierta a hilvanar un discurso de agradecimiento ni develar a dónde se dirige aunque de sobra es sabido. Un frío y lejano saludo, y a lo que sigue.

Los demás actos protocolarios se realizan a velocidad fast track, en pocas horas se confirma el pronóstico de que a cualquiera se le puede crear una imagen en minutos; la sabiduría del dedo; los méritos son lo de menos. Recibe el beneplácito formal pronunciado en una cartilla repetida con puntos y comas, es recibido con los brazos abiertos como hijo pródigo que nunca se fue, el hermano que siempre estuvo aunque nunca lo hubiera manifestado, ius sanguinis priista (derecho de sangre), aunque hubiera besado el pan ajeno y presuma ateísmo ideológico.

Los perdedores se relamen las heridas con forzadas felicitaciones, emitidas en superficiales mensajes de salutación y se aprestan a recibir premios de consolación. Las cargadas se hacen presentes esperando ser convidados al festín, así sea como simples comparsas. Y la oposición sólo atina a emitir consabidas consignas de fraudes anticipados. El gatopardísmo en su más nítida sabiduría. “que todo cambie para que todo siga igual”.

El capítulo del destape se cierra, afortunadamente, y ahora se abre espacio al tiempo de los programas y proyectos, hasta ahora ausentes, a las tácticas y estrategias de campañas y a la logística, que por el bien de país es de desear que sea algo más que showtime, tonadas pegajosas, acarreados, y anuncios estupidizadores.
y comprometedor.

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