Editorial

El Medio Ambiente

March 16, 2017

Por Francisco Barbosa

Emproblemados en los asuntos de coyuntura, que hasta el día de hoy ofrecen un horizonte muy sombrío dada la poca claridad respecto a la funcionalidad y efectividad de los gobernantes lo mismo en América, que en Europa o Asia, lo único cierto es que se están planteando cambios radicales e inciertos respecto a la continuidad de las políticas públicas en materia de migración de poblaciones, en las que los países expulsores hacen poco o nada por retener a sus habitantes ofreciéndoles escasas opciones laborales dignas y en la que se instalan cómodamente en una zona de indiferencia; y los países receptores que hacen toda clase de maniobras para evitar y/o restringir el acceso de migrantes argumentando que son lastre para sus economías y un peligro para su seguridad interna.

Los países que registran mejores tasas de crecimiento, pero no suficientes, buscan bloquear, infructuosamente, los flujos de seres humanos que se juegan el todo por el todo abandonando sus lugares de origen en búsqueda de utópicas mejores condiciones de vida.

Por otro lado, en los últimos cien años la humanidad ha crecido a tasas de natalidad nunca vistas, la eficiencia de las acciones de prevención de enfermedades han ampliado los índices de esperanza de vida. La población mundial se ha multiplicado varias veces pero no así la planta productiva que es necesaria para asegurar alimento, vivienda y comodidades para retener a los pobladores en sus lugares de origen.

Isaac Asimov, el ilustre pensador que tuvo la brillante imaginación de advertir tiempos futuros, publicó en 1960 un excelente libro denominado “La Tierra Ese Fantástica Nave Estelar”, el texto estaba dedicado a lo que él denominó “la primera generación espacial”, es decir, los niños nacidos después del primer vuelo espacial del hombre fuera de la atmósfera.

La publicación patrocinada por la UNESCO tenía como propósito introducir a los niños sobre los límites de la capacidad del planeta para ofrecer a la humanidad suficientes recursos para garantizar su sobrevivencia. Sobrevolaban en ese tiempo nubes negras de los agoreros que advertían que estábamos en los límites del crecimiento de la población reviviendo a Roberto Malthus, el inglés quien en 1776 advertía sombríamente el fin de la humanidad.

De manera más actualizada y sustentada en 1972 un grupo de estudios conocido como el “Club de Roma”, daba a conocer las conclusiones de sus pronósticos subrayando que estaban rebasadas las capacidades para producir alimentos y que la explotación irracional de los recursos naturales evidenciaba signos de fatiga, además de advertir sobre los elevados índices de contaminación que comprometen la existencia humana y cualquier otro signo de vida.

Algunos países se propusieron responsablemente actuar en consecuencia. Algunos viejos cinéfilos recordarán la futurista película “Cuando El Destino Nos Alcance”, que hoy parecería sólo la reproducción de cualquier noticiero matutino en el que se transmiten imágenes de muros que separan de manera artificial a los estados en pleno siglo XXI. Algunas naciones gozan todos los beneficios materiales y consumen la mayor cantidad de energía disponible y otras en las que sus habitantes se desenvuelven en la miseria, el hambre y la inseguridad: millones de individuos que no tiene otra alternativa que la de tratar de saltar esos débiles e inoperantes obstáculos. Parece un desatino que hoy haya quien se pronunció por elevar la altura de los muros físicos, o invisibles, cerrando los ojos a lo inevitable.

Es tiempo de repensar en serio el futuro del mundo, medidas elaboradas con argumentos separatistas y de exclusión rebotaran ante la cruda realidad y se revertirán de manera irreversible. Es tiempo de sumar y en forma colaboracionista re-diseñar formas de convivencia ordenada basadas en el uso racional de los recursos disponibles y en formas de colaboración estrecha compartir costos y beneficios. Ojalá estemos a tiempo y se puedan contener las ideas alimentadas por la incomprensión, la irresponsabilidad y el desprecio a la humanidad y prevalezca la serenidad y sensibilidad en quienes tienen depositada la confianza y esperanza de la ciudadanía para vivir en armonía y en busca de la prosperidad desviada por intereses mezquinos.

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