Editorial

Despertar

August 10, 2018

Por Francisco Barbosa

En los últimos cuatro decenios México vivió una especie de sueño de los justos. Se cedió el ejercicio del poder a una camarilla que asumió que poseía la verdad absoluta a partir de que habían abrevado el conocimiento total en las aulas del neoliberalismo de prestigiosos centros educativos como Harvard, Yale o Stanford.

Si se seguían las máximas académicas elevadas a la categoría de dogma, presumían, era inevitable acceder al desarrollo económico y a los beneficios sociales consecuentes. La reducción del Estado y la sabiduría del mercado eran los componentes fundamentales de esa visión.

La terca realidad vino a descalificar el grave error, producto de una falsa premisa (el mercado es efectivo) y la elite actuaría de manera responsable, profesional y honorable. El mercado falló y provocó severas crisis financieras, y el grupo gobernante sólo actuó en favor de sus interés de clase.

El saldo es un país con elevados y preocupantes índices de pobreza, sectores económicos colapsados como la agricultura y la pequeña y mediana industria, y millones de mexicanos desplazados de la economía formal y en búsqueda de oportunidades de sobrevivencia en la migración ilegal.

La respuesta al desencanto se manifestó en la elección del pasado julio. Una mezcla de cobro de factura a un sistema disfuncional y la elección de la némesis del poder “prianista” y enemigo acérrimo de todas las jornadas electorales previas.

MORENA, y su mesiánico líder, convencieron al electorado para que se manifestará a favor de un proyecto que tiene base en desplazar a la “mafia en el poder”, responsable de todos los males. La corrupción el peor pecado y causa de miseria y desilusión.

Está semana concluyó, en los hechos, un sexenio corto; el peñanietismo apenas y gobernó algunos meses, deslumbrando a través de una orquestada y costosa campaña publicitaria y la conspiración de un grupúsculo de actores políticos “maiceados” impusieron un programa de reformas que transformaría, en su decir, al país. En realidad era un cheque en blanco para que la gavilla de corruptos pudieran disponer de la riqueza nacional. Su apetito no tuvo límite y su descaro los exhibió para recibir el desprecio social por escándalos como la “Casa Blanca”, Malinalco, privilegios al Grupo HIGA y otros.

La historia ya los juzgó y sólo resta saber si pagaran sus múltiples delitos o serán beneficiados con inconfesables arreglos cupulares. Ahora la mirada se centra en los que se antoja será un sexenio largo. López Obrador despacha en la virtual oficina de la presidencia. Realiza designaciones, traza líneas de acción, pontifica su genialidad, confronta a sus detractores sin clemencia. La figura del Tlatoani reedición cuarta transformación, o como diría un inteligente amigo, el riesgo de una “transformación de cuarta”.

El gobierno entrante está obligado a dar a conocer, por ley, su Plan de Gobierno 2018-2024. Es de esperar que la prudencia, la inteligencia y la responsabilidad se impongan, y que en vez de plantear promesas y ocurrencias disparatas. Se realice un serio ejercicio de gobernanza y el consecuente diseño institucional para su instrumentación.

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