Commentary

Partidos – Parte 4

June 20, 2018

Por Francisco Barbosa

La coalición Juntos Haremos Historia, integrada por MORENA, el Partido Encuentro Social y el Partido del Trabajo, completa el escenario de fuerzas políticas que disputan las elecciones del 2018, en cuales se renueva la Presidencia de la República; el Poder Legislativo en sus dos cámaras, gubernaturas y Ayuntamientos a lo largo y ancho del país.

Fundado apenas hace cuatro años, el Movimiento de Regeneración Nacional no se puede desvincular de un nombre que es vital para esa organización política: Andrés Manuel López Obrador, quien ha estado asociado a la mayoría de los procesos políticos de los últimos cuatro decenios.

Sociólogo de formación académica, por la Universidad Nacional Autónoma de México, esta figura nutrió su ideología en los movimientos de izquierda. Estuvo afiliado al PRI y llegó a dirigirlo localmente en su natal Tabasco, Además de desempeñarse como funcionario del Instituto Nacional Indigenista, que lo acercó a tan compleja problemática social y que marcó sus prioridades y preocupaciones.

Buscando conquistar la gubernatura de Tabasco, fue desplazado por acuerdos cupulares que los distanciaron del PRI, partido cual empezó a combatir en forma radical denunciando fraudes electorales y enarbolando la lucha social tomando pozos petroleros que desquiciaron el suministro de ese energético en el sureste del país.

López Obrador pactó con el presidente Zedillo la caída del gobernador Roberto Madrazo, pero la negativa de éste y la cerrazón de las autoridades propiciaron su activa participación en los frentes opositores al lado de Cuauhtémoc Cárdenas, Porfirio Muñoz Ledo y los fundadores del PRD.

Representando esas siglas, participó en la elección del Gobierno de la Ciudad de México, en ese entonces Distrito Federal. Con un holgado triunfo instauró un gobierno de corte populista, instauró diversos programas sociales. También promovió obras que hoy siguen siendo criticadas como los segundos pisos, con los que favoreció a los dueños de automóviles en detrimento de las mayorías que no cuentan con ese medio de transporte, autorizó mega centros comerciales, nuevas zonas urbanas para clases medias y altas, así como la reestructuración del Centro Histórico con la participación de importantes inversionistas como Carlos Slim con quién se le vincula desde entonces.

A partir de su posición en el gobierno capitalino, armó un proyecto para conquistar la presidencia de la República. Apoyado por numerosos seguidores, pero enfrentado con los grupos económicos y la cúpula priista y panista, entabló una descarnada lucha caracterizada por la guerra sucia en la que fueron exhibidos desde sus colaboradores cercanos, que se beneficiaron con actos de corrupción, al tiempo que se le acusó de ser un “peligro” para México. Las fuerzas contrarias lo acorralaron y en dos ocasiones perdió la carrera presidencial que lo impulsaron a realizar acciones de protesta que todavía hoy le son reclamadas.

El enorme desgaste del PAN y del PRI, un gobierno del presidente Enrique Peña con bajísima popularidad, manchado por innumerables actos de corrupción e impunidad, acompañados por la inefectividad de discutidas reformas estructurales, han permitido que en poco tiempo, y con una estrategia muy bien estructurada de campaña de “piso” con la que ha recorrido todo el país, es posible asumirse como el virtual ganador de la presidencia, si a las encuestas les hacemos caso.

Consciente de sus debilidades ha mesurado su lenguaje, su discurso y el alcance de sus propuestas, procurando tomar distancia de la imagen de populista que sus opositores explotan asociándolo a los gobiernos venezolano y cubano. Acusación que no ha sido confirmada con hechos objetivos y de los cuales, en numerosas ocasiones, se ha deslindado pero que siguen afectándolo.

La confrontación con los grupos económicos a los que define como la “mafia en el poder”, supuestamente aliados a Carlos Salinas –su eterna némesis- y Enrique Peña Nieto, el grupo gobernante más corrupto de la historia a su decir, y con muchas evidencias de ser cierto.

Hoy, como se apuntaba, encabeza la mayoría de las encuestas con una ventaja que parece irreversible. Se asume como el próximo gobierno que impulsará la “Cuarta Trasformación” del país. Hace constantes llamados a evitar el fraude electoral, convoca al “amor”, pide que sus contrincantes se “serenen”, ofrece amnistía a la delincuencia sin lograr explicar su alcance, expresa que no busca venganza, que es necesario fortalecer el mercado interno, combatir las desigualdades, abrir oportunidades para todos y en especial para la juventud, instrumentar una firme política que fortalezca la soberanía amenazada por el gobierno vecino al que llama a construir una relación constructiva y respetuosa y enarbola la lucha contra la corrupción, para él el más grande reto y área de oportunidad.

Los héroes a los que este candidato busca emular son Benito Juárez, Emiliano Zapata, Francisco I. Madero y Lázaro Cárdenas con el fin de “hacer historia”.

Ya veremos.

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