Commentary

Los Límites

December 28, 2017

Por Francisco Barbosa

De manera superficial, la mayoría de las veces, y otras que en las que se evidencia ignorancia supina, el Primer Mandatario se enfila hacia los últimos meses de su administración.

En notorio desprecio a las raíces de la democracia y de la convivencia en armonía, y en un acto de consecuencias impredecibles argumentado un cuestionable “deber cumplido”, manifiesta satisfacción por la imposición de una ley que, además de violentar la constitucionalidad en varias de sus apartados de acuerdo con la opinión de calificados expertos, compromete la función de instituciones honorables como el Ejército y la Armada, comprometiéndolas al encomendarles tareas que no son de su estricta competencia, al tiempo que expone a la ciudadanía al riesgo de ser víctima de daños colaterales, y la factible instauración de estados de excepción resultado de impensados actos autoritarios que atentarían contra valores fundamentales como la libertad y la institucionalidad.

Expresiones emitidas en descuidadas improvisaciones, denotan falta de atención y trasmiten la imagen de incompetencia, misma que se traduce en sorna y escarnio público difundido en las implacables redes sociales que no conceden tregua. El efecto se expande cuando los propios allegados incurren en similares resbalones, cosa de recordar los “…volvidos, abridos, ler… no, menos, como cinco minutos” y una interminable lista de dislates, que sin dejar de ser jocosa, es preocupante al dejar como saldo una debilitada y ridícula imagen pública.

Para su fortuna, en la acera de enfrente no van mejor las cosas. El eterno “aspirante”, día a día lanza dardos envenenados que se le revierten casi al tiempo que los externa. Si el asunto es sobre combate a la corrupción, hoy todavía no ha logrado limpiar su propia hacienda, y mucho menos la de cercanos colaboradores que dejan mucho que desear en lamentables y fracasadas actuaciones públicas. Y por cuanto al diseño de un proyecto político de gran visión, se limita a repetir, hasta el cansancio, las mismas cantaletas que no llegan al fondo de los problemas y a la construcción de propuestas viables; más bien son disparates y ocurrencias -por ejemplo- el preocupante “…negociar con los malosos”.

Compitiendo el mismo espacio político, el partido conservador, que por doce años no contribuyó a aterrizar el “proyecto” de la alternancia, está convertido en mal remedo de su tradicional adversario al grado de que su último presidente inició una guerra absurda que ha cobrado la pérdida de miles de vidas humanas y bienes materiales. Hoy aspiran rescatar la imagen perdida a partir de un discurso salpicado por improperios, ausente de reflexión y autocrítica.

Por último, la esperanzadora opción de figuras independientes ajenas a las viejas fórmulas del ejercicio del poder, no ha podido prosperar como resultado del lamentable actuar de personajes que no representan un perfil de autonomía por estar contaminados por la relación marital, o tienen origen en tenebrosos arreglos para sus forzadas candidaturas.

En el filo de la navaja, la ciudadanía tiene la oportunidad de elevarse en implacable juez que logre encumbrar, finalmente, la mejor opción y contener, de una vez por todas, a los indeseables devoradores de los presupuestos nacionales. Ese es el mejor deseo para el inminente 2018.

¡Feliz año nuevo a todos!

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