Commentary

Los Aprendices

December 14, 2017

Por Francisco Barbosa

Los perfiles de los aspirantes a la presidencia parecen coincidir en que la falta de experiencia en el ejercicio político es una característica prevaleciente. Esto no necesariamente se puede calificar como bueno o malo.

Me explico, la historia está llena de casos en los que se esperaban grandes resultados de quienes llegaron a ocupar las primeras magistraturas, pero que empequeñecieron tan pronto enfrentaron los retos de su tiempo.

Otros, de aparente bajo perfil en su desempeño, al final de cuentas superaron las expectativas y su gestión fue sobresaliente. No refiero nombres en específico para no herir susceptibilidades ni predilecciones, pero la historia es el mejor testigo.

La pregunta de fondo está en saber si en estos momentos la experiencia es ajena a la política y a las capacidades personales; certificadas o no.

Por ejemplo, el candidato del partido en el poder presume no tener militancia ni compromisos ideológicos que lo encasillen en “el más de lo mismo”. Por el contrario, ofrece una imagen fresca y con credenciales de encargos públicos notoriamente técnicos, que lo blindan de la maledicencia pública.

En otros meridianos, esa es característica de las nuevas camadas de gobernantes, cosa de ver el caso emblemático de Francia en donde la hoja de vida de los presidentes estaban tradicionalmente adornadas por mil batallas electorales (De Gaulle, Chirac, Mitterand..), e inesperadamente hoy un tecnócrata sin pedigrí (Emmanuel Macrón).

A “contrario sensu”, hay gobernantes que han enfrentado adversidades para alcanzar la cima del poder, pero no honran sus éxitos previos y se achican a la hora de estar en posibilidades de atender el mandato ciudadano. Son timoratos, erráticos y disfuncionales.

Hay, por otra parte, perfiles que privilegian un origen ciudadano e independiente como antípoda de los que buscan privilegios personales, y que se afanan en demostrar responsabilidad y buenos oficios. Para ellos cabe el beneficio de la duda como opción válida para su contratación electoral.

Finalmente, está el caso de quién no siendo nuevo en lides electorales, ofrece como novedad la esperanza de que esta vez no volverá a ser víctima de la perversidad de los mafiosos, y que alcanzará la anhelada primera responsabilidad en beneficio de los necesitados; una especie de mesianismo obsesivo. Eso estaría por verse.

Por lo anterior, es deseable que la sabiduría ciudadana logre resolver con tino su mejor opción, resultado directamente proporcional a su capacidad de participación y el ejercicio de un cuidadoso análisis de opciones, contenidos, compromisos y visiones de futuro de los candidatos y candidatas en las jornadas de campaña. Es necesario no caer en los engaños del publicista que maquilla rostros como artículos de consumo masivo.

La responsabilidad es doblemente importante, y no acaba con ejercer el voto, es la capacidad de seleccionar el mejor proyecto.

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