Commentary

Las Elecciones

November 16, 2017

Por Francisco Barbosa

“¡No hay fecha que no se cumpla, plazo que no se venza, ni deuda que no se pague!”,
conseja popular que se hace efectiva con el inicio del proceso electoral con el que se renovarán los poderes legislativos, diferentes gubernaturas y el Poder Ejecutivo en el 2018.

Los destapes, precampañas, campañas, jornada electoral, posibles conflictos electorales y toma de posesión de la nueva administración están a la vuelta de la esquina y concentrarán la atención de la ciudadanía, independientemente de si se participa activamente o prevalece la abstención.

En los últimos 25 años -una generación- se han presenciado eventos inusitados en la vida política del país. El colapso del PRI en el 2000, la transición panista del 2000 al 2012 y el retorno del PRI a ocupar la silla presidencial hasta el 2018; una especie de bumerang que nos regresó al lugar de partida. Ahora, se prevé una compleja sucesión a partir del encono con el que se desempeña la clase política.

Como deja-vu, el eterno aspirante vuelve hacer acto de presencia, las encuestas lo colocan al frente de las preferencias y él se mueve como pez (peje) en el agua convencido de que la tercera es la vencida como sucedió en otras latitudes (Chile y Brasil).

En el partido conservador se libra una cruenta batalla que debilita a los posibles aspirantes a la nominación, los partidos comparsa se desdibujan y aparece el espectro de las candidaturas independientes que no parecen cuajar. En ese entorno, el supremo decisor del PRI, se apresta a ejercer la facultad de una imaginaría liturgia que le concede, en su decir, el privilegio de ungir al sucesor.

En toda esa maraña de circunstancias, las instituciones electorales hacen agua ante un cúmulo de irregularidades y deficiencias, como son requerir enormes cantidades de recursos para un proceso electoral que se anticipa viciado, posiciones vacantes en puestos críticos, y la sumisión de instancias que actúan en términos de intromisiones que hacen pensar en arreglos por debajo del agua. Súmase el caso de juicios abiertos contra ex gobernadores, denuncias de corrupción y compra de elecciones. Un cóctel de elevada explosividad,

En el mundo de las realidades las cosas no se ven mejor.

En un exabrupto propio de quien no tiene las cosas bajo su control, el presidente reclama la incomprensión de la sociedad civil reclamando un impensable bullying en contra de los cuerpos de seguridad que no se caracterizan por su eficiencia y buenas prácticas en el combate a la desbordada inseguridad. Las negociaciones comerciales se anticipan fracasadas y con el riesgo de graves consecuencias que ya impactan negativamente los pronósticos de crecimiento y estabilidad. Una aprobación aparentemente tersa de la Ley de Ingresos y del Presupuesto del año 2018 no garantiza siquiera el modesto ritmo de crecimiento y los agentes económicos se muestran renuentes para emprender nuevas inversiones.

El panorama descrito no pretende ser apocalíptico, por el contrario, de tanto repetirlo parece una cotidianidad más que al final de la jornada nos prepara para la sorpresa del día siguiente. La agenda está pletórica de expedientes abiertos que, de vez en vez, se desempolvan y llenan de tinta amarilla los encabezados de los medios ávidos de escándalos.

Por lo anterior, es urgente que la sociedad se manifieste de manera enérgica, y con la capacidad que le da ejercer su derecho la voto, sea juez implacable que no permita que continúe el deterioro de las instituciones que tanto trabajo costó levantar a generaciones de mexicanos comprometidos: es la hora de la responsabilidad y de impulsar el cambiar el rumbo del país hacia mejores derroteros en beneficio de millones de mexicanos que esperan participar de los frutos de sus esfuerzos creativos.

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