Commentary, Editorial, Espanol

La Segunda Enmienda Constitucional No Garantiza el Derecho a Tener Armas

October 7, 2017

Por Arturo Castanares – Publicista y CEO de La Prensa San Diego

Photo/Kenneth Lu

Tras la atroz balacera suscitada en Las Vegas el pasado fin de semana, el tema de control de tenencia de armas una vez más se volvió tema de álgido debate en toda la unión americana, desde San Diego hasta Washington, D.C. Antes de que pudiera siquiera dársele entierro a las víctimas, la Asociación Nacional del Rifle (NRA, por sus siglas en inglés) dejó en claro que no apoyaría ninguna nueva iniciativa de ley en materia de control de armas y por el contrario se promulgó a favor de una ley federal que permitiera a más personas portar armas.

Por supuesto, la disposición Constitucional a la que acude la NRA es la Segunda Enmienda; la santa escritura de los promotores de la tenencia de armas que, argumentan, consagra la garantía individual a la tenencia y el porte de armas. Hay quienes argumentan que era de tal importancia para los redactores de la Constitución que se plasmó en segundo lugar, detrás de solo el derecho a la libertad de expresión, prensa y religión.

Sin embargo, la interpretación de la Segunda Enmienda como un manto casi intocable que protege el derecho de todo estadounidense a adquirir, conservar, utilizar e incluso portar armas resulta ser un punto de vista relativamente reciente en la interpretación de la ley, habiendo cobrado auge hace menos de 40 años.

Los Padres de la Patria estadounidense plasmaron muy poco por escrito respecto del derecho a poseer armas. De hecho, muchos de los argumentos que la NRA y otros promotores de la tenencia de armas atribuyen a los líderes de la colonia son en gran parte malas interpretaciones, imprecisiones, o errados por completo.

Por ejemplo, la NRA vende camisetas con la cita “One loves to posess arms” (uno ama poseer armas), atribuida a Thomas Jefferson, uno de los autores de la Constitución y principales intelectuales de la época. La cita en realidad sí provino de Jefferson, de una carta que redactó a George Washington en 1796. El problema es que no se refería a armas, sino a antiguas cartas que conservaba para tener a la mano en caso de que se le criticara por alguna decisión que hubiera tomado cuando fungió como Secretario de Estado antes de convertirse en Vicepresidente de Washington. Las “armas” a las que se refería eran hechos, no armas de fuego.

La cita aún más popular en la NRA proviene de Patrick Henry, líder de la Guerra Revolucionaria, y cuyas palabras más famosas fueron “denme libertad o denme muerte” en 1775 antes de que se redactara la Declaración de Independencia.

Muchos defensores de la tenencia de armas citan a Patrick Henry diciendo “que todo hombre esté armado”. La cita es correcta, pero no se refería a armar a todo hombre en el país. La cita completa dice “el gran objetivo es, que todo hombre esté armado. A un costo mucho muy elevado, estaremos doblemente armados”. Henry argumentaba, durante la ratificación de la Constitución por parte del estado de Virginia en 1788, que el costo para armar a todas las milicias gubernamentales federales y estatales sería demasiado elevado. La ironía es que su argumento era en contra de armar a todo hombre, no a favor de ello.

El contexto detrás de todos estos argumentos coloniales a favor de armas era que el equilibrio de poder entre el nuevo gobierno federal y los estados yacería en contar con milicias estatales bien reguladas y constituidas por voluntarios. En aquel entonces, todos los hombres blancos de entre 16 y 60 años de edad servían en la milicia. Su rebelión organizada y armada es lo que ganó nuestra independencia y creo a los Estados Unidos de América.

Bien, y entonces, ¿Qué dice en realidad la Segunda Enmienda Constitucional?

“En una milicia bien regulada, siendo necesaria para la seguridad de un Estado libre, el derecho del pueblo a conservar y portar armas, no deberá infringirse”.
De hecho, James Madison, nuestro cuarto Presidente y ardiente partidario de un gobierno federal más fuerte, fue quien propuso la redacción original de lo que se convertiría en la Segunda Enmienda. En ningún lugar en las notas de Madison durante las convenciones constitucionales menciona la protección de los derechos de propietarios particulares de armas. Ninguna de las sesiones de ratificación celebradas por los 13 estados declaró dicho derecho al aprobar la Constitución que, en ese entonces, no incluía las 10 enmiendas que se convertirían en la Carta de Garantías Individuales.

Las leyes en todo el país normaron la posesión de armas durante casi doscientos años. De 1876 a 1939, solo cuatro casos en materia de armas se presentaron ante la Suprema Corte, y en ningún caso falló dicha Corte en el sentido de que la Segunda Enmienda protegiera el derecho de particulares a la tenencia de armas fuera del contexto de una milicia.

La interpretación moderna de la Segunda Enmienda Constitucional surgió apenas en los setenta, cuando partidarios de derecha a la tenencia de armas cobraron control de la Asociación Nacional del Rifle.

La NRA fue fundada por oficiales del ejército de la Unión después de la Guerra Civil en aras de organizar capacitaciones y competencias de tiro. La NRA apoyó las primeras leyes federales en materia de armas de fuego en 1934, mismas que limitaban el uso de las metralletas que utilizaban mafiosos y asaltantes de bancos.

Sin embargo, para fines de los setenta, una rebelión interna de la NRA la convirtió en una máquina política que buscaba cambiar el debate entre políticos Republicanos. A pesar de que la plataforma Republicana de 1972 apoyó leyes para el control de armas, para 1980 el partido ya se oponía a que se contara con registros federales de tenencia de armas, y comenzó a argumentar que la Segunda Enmienda debe conservarse para proteger el derecho a la posesión y el porte de armas.

Durante las décadas de los ochenta y noventa, Republicanos en Washington comenzaron a planta políticas federales que promovían de manera más agresiva el derecho a la tenencia de armas. En 2001, cuando George W. Bush ganó la Presidencia, su nuevo Procurador General, John Ashcroft, cambió formalmente la postura del gobierno federal, anunciando que el texto e intención originales de la Segunda Enmienda claramente protege el derecho de individuos a poseer y portar armas de fuego”. El constante flujo de procesos jurídicos, artículos y entrevistas en medios también afectó la percepción del público respecto del significado de la Segunda Enmienda Constitucional. En 1959, el 60% de los estadounidenses estaban a favor de prohibir las armas de fuego; por el contrario, en 2012 tan solo el 24% lo estaba. Hoy, más del 73% de los estadounidenses creen que tienen un derecho absoluto a la tenencia de armas de fuego.

La nueva sede de la NRA, justo en las afueras de Washington, D.C., orgullosamente exhibe un letrero en sus inmediaciones que dice “…the right of the people to keep and bear Arms, shall not be infringed” (…el derecho del pueblo a conservar y portar Armas, no deberá infringirse), por supuesto sin la primera parte del párrafo.

En función de una lectura simple de la redacción completa, se entiende que solo aquellos que formen parte de una milicia organizada deben tener el derecho a conservar y portar armas. Trátese de personal militar, reservistas, o incluso soldados voluntarios formados en caso de guerra o insurrección, algún tipo de organización bien regulada parece ser el significado más lógico de las protecciones que otorga la Segunda Enmienda.

El señalar solo el fragmento conveniente de la redacción de la Enmienda ha llevado a la proliferación de las armas de fuego, a mayor violencia, y a balaceras sin sentido como la masacre perpetrada en Las Vegas el pasado domingo.

Es momento de un examen cuidadoso de nuestras leyes, iniciando con una lectura honesta de la Segunda Enmienda Constitucional, de tal forma que podamos avanzar hacia un futuro más seguro para nuestro país. El falsificar nuestro pasado solo logrará que nuestro futuro sea más peligroso.

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