Commentary

Independientes

May 17, 2018

Por Francisco Barbosa

La figura de candidatos independientes es resultado de una reacción al desprestigio y debilitamiento de los partidos, los que al actuar de modo cupular se alejan de sus bases y simpatizantes.

El arribo de la tecnocracia, que públicamente desprecia a los políticos “profesionales”, llega al extremo de poner distancia respecto al eventual interés de ser militantes, como fue el caso emblemático de Ernesto Zedillo, quien festinó su “sana distancia” con el PRI, y en los hechos aceleró su desmembramiento. Peor aún, en descarada intervención destituyó a tres Presidentes del partido y sus respectivos comités ejecutivos.

De hecho, globalmente hablando, la tendencia a que representantes de la sociedad civil se involucren en la búsqueda de candidaturas ha sido un cambio de paradigma en los últimos años, dejando a los los viejos partidos en decadencia.

En todos los espacios geográficos se registra el triunfo de candidaturas independientes. Baste decir que en Francia, nación pilar de la funcionalidad de los partidos, un candidato con escasa trayectoria política y más bien identificado con un perfil académico gobierna por mandato del voto ciudadano.

En México, está corriente también ha hecho presencia. La lucha para que fueran incluidas candidaturas independientes fue una batalla que se dio con tal intensidad que el poder legislativo no tuvo más remedio que atender la demanda de la población e introducir esa alternativa en la normatividad electoral; primero en comicios locales (diputaciones y gobernadores) y ahora en la elección presidencial en curso.

La normatividad para acceder a una candidatura independiente se caracteriza por tener que atender requisitos complejos que en la práctica, son obstáculos insalvables (número millonarios de adherentes, escasos apoyos financieros y la exigencia de contar con una cobertura de orden nacional).

La presión social, y la estrategia de reducir la competitividad de los opositores, obligó a que las autoridades electorales y el poder judicial tuvieran que flexibilizarse para que en la planilla electoral se incluyera a dos aspirantes independientes. En los hechos ninguno cumplió con los requisitos y, peor aún, incurrieron en prácticas notoriamente ilegales que no sólo no hubieran permitido su registro, sino ser materia de procedimientos judiciales.

Los aspirantes independientes -Margarita Zavala y Jaime Calderón, alias “El Bronco”- están muy lejos de ser auténticamente autónomos. Provienen de partidos que al no incluirlos en sus procesos internos para ocupar la candidatura, optaron por la vía libre. Es cuestionable su perfil y, por el contrario, notorios los vínculos partidistas que siguen latentes para uno como ex priista y para la otra como panista renegada.

En la próxima entrega profundizaremos en sus perfiles y propuestas. Por lo pronto, el próximo domingo 20 de Mayo tendría lugar el segundo debate en la vecina ciudad de Tijuana. Ojalá que en esta ocasión se eleve la calidad de la confrontación y se ofrezcan verdaderos proyectos políticos.

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