Commentary

EL INFORME III

September 22, 2017

Por Francisco Barbosa

La parte medular del Informe presidencial es tradicionalmente el apartado económico. Es la carta debajo de la manga del gobierno en turno para evidenciar su pretendida efectividad, aún si en los hechos las cifras desmintieran los párrafos triunfalistas. En otros tiempos, para bien superados, se dedicaban horas e interminables páginas para relatar aburridamente “espectaculares resultados: kilómetros construidos, índices macroeconómicos, metas superadas, despensas repartidas…”, todo remitido a datos elaborados, y acomodados a modo por los propios organismos gubernamentales y de difícil verificación en los hechos.

No podía esta vez tampoco escaparse la oportunidad para que el Presidente se ocupará de ponderar sus políticas económicas, ahora en la versión de “reformas estructurales”. Mismas de las que hoy tampoco hay evidencia cuantitativa palpable, pero según su renovado optimismo, pronto se traducirán en mejoras para los bolsillos de los ciudadanos: al fin que prometer no empobrece.

Pero, por lo pronto, no se logra aterrizar la optimista promesa de un crecimiento económico del cinco por ciento anual ofrecida en la campaña electoral, apenas se está cerca de la media de crecimiento del dos por ciento de los últimos dos sexenios según el cálculo confiable de agentes económicos independientes.

La reforma energética afectada de entrada por la caída mundial de los precios de los hidrocarburos, la fallida reforma fiscal no dejó de ser un mecanismo de recaudación para soportar el creciente gasto improductivo del gobierno y una caída histórica del 36 por ciento de la inversión productiva. Y para peor, el horizonte de una afectación de las exportaciones resultado de la complicada renegociación del Tratado de Libre Comercio,.

En el imaginario social irrumpe el fantasma de crisis de fin de sexenio, las finanzas públicas están comprometidas por una deuda pública sin precedente, los mercados financieros mundiales registran un escenario de alta volatilidad que se produce por la escalada de conflictos derivados de luchas ideológicas extremistas, flujos especulativos y nuevas corrientes de proteccionismo comercial anuncian el desmantelamiento del mecanismo de libre flujo de mercancías y servicios, que por lo pronto ya fracturó a la Unión Europea, región que no logra encauzar la recuperación de la crisis del 2008.

Un patio del Palacio Nacional diseñado y blindado para que la clase política y económica se placeé es escenario para el inicio de la sucesión presidencial. Las miradas y las macro pantallas no se enfocan preponderantemente en el atril del actor principal, ahora las miradas buscan identificar en los guiños y reacciones crípticas de los personajes que conforman el presídium, quién será el ungido en los próximos días por el dedo presidencial como candidato del partido en el poder para contender por la presidencia para el periodo 2018-2024.

En el fondo esa es la magia de un sistema político que se aferra a los usos y costumbres y que no advierte los riesgos de un rompimiento de la paz democrática frente un pueblo que ha perdido la paciencia ante las evidencias de una corrupción e impunidad rampante que será el tema central del discurso político por venir.

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