Commentary

El Futuro

July 5, 2018

Por Francisco Barbosa

Contra todos los pronósticos alarmistas, la elección más importante del México del siglo XXI se celebró en un marco de concordia ejemplar. Millones de mexicanos ejercieron con absoluta libertad su derecho a elegir – contratar – a los ciudadanos que en los próximos años tendrán el mandato de conducir los destinos del país.

Un nuevo paradigma aflora, los tiempos del “sistema” se han fracturado. A poco mas años de 100 años, México se apresta a vivir una nueva etapa: la llamada “Cuarta Trasformación” a decir del candidato electo por las mayorías. En una entusiasta fiesta cívica, las casillas fueron insuficientes para atender una corriente de ciudadanos y ciudadanas que ejercieron, en un ambiente de civilidad ejemplar, su voto en el marco de una profunda reflexión sobre lo que esperan para los próximos años.

Los gobiernos neoliberales, como los encabezados por De la Madrid y Peña – reflejan los peores resultados. Detrás de un supuesto progreso económico está latente la mayor pobreza jamás registrada. Minorías privilegiadas se apropiaron de la renta nacional en contubernio con autoridades a modo, que se sometieron al encanto del dinero. Olvidaron sus responsabilidades superiores y como cuatreros hambrientos se dedicaron a sustraer la riqueza en beneficio de sus inllenables bolsillos. México les cobró muy caro su afrenta. Están despedidos, deseablemente nunca más regresaran y es una demanda sentida que paguen por sus delitos; la cárcel es poco para tan graves acciones es necesario que restituyan lo sustraído.

El tesonero candidato del cambio, finalmente alcanzó su meta. Incansablemente, al grado de la necedad, realizó una de sus más agotadoras e intensas campañas. De manera sigilosa, en cuatro años, preparó un ejército de seguidores que al llamado final salieron en búsqueda del objetivo trazado, desplazar a la “mafia del poder”, como figurativamente denominó la alianza de millonarios y funcionarios que sin escrúpulos esquilman a los mexicanos por lustros.

El partido que por 76 años gobernó al país, y que pudo resucitar momentáneamente, finalmente sucumbió. La estrategia, mal diseñada y peor ejecutada por su cúpula, utilizando un señuelo mal seleccionado no pudo engañar a un pueblo bien informado. Los medios de comunicación atemperaron sus consignas y “las benditas redes sociales” fueron la ruta efectiva para combatir la mentira y resaltar la propuesta.

Como en las peores prácticas de las mafias, las pandillas se autodestruyeron. La joven promesa resultó un gandaya que subrepticiamente se había aprovechado de su red de relaciones para instrumentar un complejo negocio inmobiliario. Como las serpientes se auto-consumió tragándose desde la cola. La mutua animadversión entre él y el jefe de gobierno, en algún momento asociados por inconfesables acuerdos, finalmente se enfrentaron recurriendo a las peores conductas y utilizando a las instituciones en su pedestre y absurda confrontación.

Hoy el “mesías”, el hombre que se auto define como el redentor está frente a la más grave de sus responsabilidades. Honrar su palabra con las acciones prometidas. Por el bien del país que así sea. Pero nubes negras amenazan el horizonte. La economía nacional se encuentra en mal momento: la deuda pública se torna inmanejable, las exportaciones se encuentran a la baja, el consumo interno constreñido, la inflación real creciendo aceleradamente y se percibe un clima de incertidumbre por las complicadas negociaciones comerciales que amenazan desbordarse en una crisis de magnitud insospechada. Juega a favor un posible acuerdo con el gobierno vecino que, en una reacción favorable, celebra el proceso sucesorio de México.

Daremos puntual seguimiento a los acontecimientos y analizaremos con objetividad los próximos acontecimientos preparatorios del cambio de estafeta. Hay que seguir informados y atentos a denunciar riesgos y desviaciones.

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