Commentary

El Enojo y la Memoria

February 14, 2018

Por Francisco Barbosa

En otras de sus inopinadas intervenciones, en donde mezcla improvisación poco meditada y soberbia característica de quien ejerce el poder pronto a perderse, el Presidente Peña se lanza a defender lo que en su decir son grandes logros de su gestión, pero que en los hechos los principales indicadores evidencian como fracasos.

Aduciendo un ejercicio de supuesta autocrítica, se dice sabedor de que no todo ha salido como se esperaba, pero son logros alcanzados gracias a su empeño. Aduce “falta de memoria de los y las mexicanas” para reconocerlos. Con ese desplante queda claro que sus colaboradores le han tendido un muro de información y que sólo le dejan ver aquello que les conviene o lo que escriben plumas aduladoras bastante copeteadas con “chayotes” y privilegios injustificados.

Respecto al “enojo” de la ciudadanía, se muestra más complaciente asumiendo que están en su derecho de experimentarlo, pero advierte que no es producto de las acciones de su gobierno, sino de efectos circunstanciales de poco importancia, prontos a superarse y en el mejor de los casos choques externos que no está en sus manos resolver.

Es infinita la capacidad de encontrar excusas ante la incompetencia. Los responsables de la marcha de la economía hacen piruetas para justificar aumentos de precios o tasas de interés: “son asuntos estacionales que pronto se superarán” (cinco años de la misma cantaleta) y lo cierto es que las cifras maquilladas del propio gobierno no resisten las evidencias de inflación, precios de bienes públicos (gasolina, luz, gas), colapso del mercado interno; entre otras.

Las obras de infraestructura son fuente de enorme corrupción. Obras mal trazadas y peor ejecutadas. Cosa de ver el tren suburbano Toluca-Ciudad de México, que sólo ha traído enormes congestionamientos para quienes se desplazan cotidianamente es esa ruta y no se ve la hora en que estará en funcionamiento y se tienen severas reservas de si traerá los beneficios prometidos. Hay incredulidad ante el exceso de concreto que adivina un elefante blanco más.

Pomposamente la publicidad oficial festina la obra argumentando que se verá reducido en 30 minutos el desplazamiento Toluca-Tijuana: publicidad cómico-kafkiana. Mientras el flamante Secretario de Comunicaciones se ufana de su visón, y ni que decir del socavón de Cuernavaca, todavía sin versión confiable del suceso que cobró vidas humanas por torpeza y corrupción.

Por su parte, el todopoderoso Secretario de Relaciones Exteriores realiza periplos en los que su imagen es el principal producto. Nada de resultados efectivos. Se entromete en la vida política de otras naciones desdeñando la tradicional política exterior mexicana que tanto brilló tuvo en tiempos pasados. Y todo para congraciarse con un gobernante que busca alejarse de sus vecinos del sur a quienes dedica no muy agradables ni amistosos adjetivos.

Cierra la cuenta del sueño rosa de Peña, las adulaciones del candidato de su partido que no logra despuntar y del líder que en forma altanera y grosera confronta a sus opositores al tiempo que muestra carencia de ofertas para atender las urgentes necesidades de quienes se debaten en los límites de la pobreza extrema, el desempleo y la persecución migratoria.

Quedan pocos meses para el día de la elección y se advierte la posibilidad de un proceso postelectoral conflictivo, en un escenario de riesgos de descomposición económica internacional y con una economía endeble y precaria.

Yo si tengo memoria, y ciertamente mucho enojo y preocupación.

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