Commentary

Debate

April 19, 2018

Por Francisco Barbosa

Para los memoriosos y los estudiosos de la teoría política, el análisis de los debates televisivos es un tema de particular interés. Esta modalidad de competencia electoral, propia de los tiempos modernos, tiene un origen tan antiguo como el practicado por Platón en su obra clásica “Diálogos”, en los que propone esa forma de comunicación como vía para dirimir conflictos y lograr la concordia y trascendencia de los individuos en la convivencia comunitaria.

Los Debates, si bien se desarrollan en un periodo de tiempo restringido, generan gran expectación e introducen, en el propio hogar, a los personajes que compiten por obtener la simpatía y el voto de los ciudadanos. La suerte de los políticos ha estado, la más de las veces, determinada en cómo lograron enfrentar el reto.

En la distancia del tiempo, se puede recordar el giro que significó el debate televisado entre John F. Kennedy y Richard Nixon en donde este último, viejo político acostumbrado a las tradicionales formas de hacer política, descuido su preparación y no logró contener la fuerza de una imagen nueva, fresca y carismática confrontada con el perfil tosco, rudo y desaliñado que trasmitió frente a las cámaras. Su derrota se definió en esos minutos críticos.

El espacio natural del debate político se desarrolla en los escenarios parlamentarios, en el que los partidos y sus representantes exponen y discuten los méritos de sus propuestas, mismas que se someten, en su oportunidad, al voto para lograr o no su aprobación. A diferencia, en el debate electoral de lo que se trata es combatir, con lenguaje verbal y corporal, al adversario, a fin de que el elector defina su preferencia y pueda orientar el sentido de su voto.

En México, el debate electoral toma relevancia en la confrontación de 1994, cuando el candidato Fernández de Cevallos sorprendió a sus contrincantes (Zedillo y Cárdenas), y los dejó en evidencia al no poder contener la fuerza y espectacularidad de su oratoria. Fue el ganador absoluto, pero para sorpresa no aprovechó su triunfo y desperdició la oportunidad para ganar la elección; se especula si hubieron arreglos inconfesables para ese desenlace. Una Punta de Diamante puede ser la clave.

Por el contrario, Vicente Fox, aprovechó la negativa de sus opositores para realizar un debate en la fecha convenida e impuso su famoso “hoy, hoy, hoy…”, y en una sesión en solitario monólogo y sin adversarios labró su éxito electoral.

Más recientemente, Manuel López Obrador, ha sido víctima de su desinterés en participar en esa fórmula para dirimir argumentos. Un mal cálculo y la confianza en su relativa ventaja lo dejo en el camino en las elecciones previas. Ahora está en la oportunidad de redimirse y poder consolidar la ventaja en las encuestas, pero mal inicia al empezar a radicalizar sus posturas.

El próximo domingo 22 de abril tendremos la oportunidad de presenciar el primer debate televisado de la actual elección, seguramente ofrecerá la oportunidad de descubrir el verdadero alcance y perfil propositivo de los candidatos, hasta ahora tan escasos de contenido, los temas a tratar son: Seguridad Pública y violencia; Combate a la corrupción e impunidad y; emocracia, pluralismo y grupos en situación y vulnerabilidad.

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