September 28, 2001

LA COLUMNA VERTEBRAL
El Soporte Informativo Para Millones de Hispanos
Por Fabián Domán

El Gran Desafío

Cada generación de norteamericanos ha tenido que entregar su esfuerzo para que Estados Unidos se convierta en la nación más poderosa de la tierra. Así como los colonos dieron desde su vida hasta sus pertenecías para independizarse de los ingleses y más recientemente, en los años 40, como miles de jóvenes se involucraron en un conflicto europeo y oriental que parecía lejano y que a partir de Pearl Harbor fue propio, ahora llegó el turno de esta generación.

Los habitantes de la era de las computadoras, del Nasdaq, de los celulares y del decaf tienen que sobrepasar la dura prueba a la que Estados Unidos fue sometido el 11 de septiembre.

Se enfrentan al gran desafío de superar cada una de las barreras impuestas por un terrorismo que viene persiguiendo como único objetivo, la destrucción de la forma de vida norteamericana. Terminar con la democracia, la libertad y el capitalismo.

Ya se ha hablado una y otra vez del significado más allá de los edificios donde tuvieron lugar los atentados: las Torres Gemelas representan el Capitalismo y el Pentágono el poderío militar. Pero poco y nada se ha dicho sobre otros símbolos de la vida normal de un norteamericano que también han sido atacados.

La mutación de un avión aerocomercial repleto de inocentes en un misil mortífero dañó seriamente a una de las industrias claves del país, con enormes consecuencias para la economía nacional. No se trata solo del problema de las líneas aéreas como tales ni de las graves consecuencias inmediatas como los despidos masivos de empleados, sino de que se ha herido al transporte aéreo, el mayor medio de movilidad de los norteamericanos. Desde el 11 de septiembre, las estaciones de trenes volvieron a adquirir un protagonismo que solo parecería estar reservado para las superproducciones cinematográficas de época.

¿Por qué viajamos menos en avión?. Simplemente porque tenemos miedo. ¿Por qué se agotaron las máscaras de gas?. Porque tenemos miedo. ¿Por qué aparecen en toda su intensidad, mitos, leyendas y creencias propias de pueblos menos civilizados que el norteamericano?. Porque tenemos miedo.

Porque el mayor daño que el terrorismo le produjo a Estados Unidos es haber quebrado su invulnerabilidad. Haber trasladado el horror, el odio y la muerte de un conflicto del Medio Oriente al sur de Manhattan, al Capitolio en Washington, a un suburbio de Los Angeles, a una escuela en Boston o a la torre Sears en Chicago.

El ciudadano norteamericano —no así sus gobernantes— ausentes de las muchas de las grandes y absurdas tragedias mundiales de las últimas décadas —como la guerra religiosa en el Oriente— siente que de la noche a la mañana le han cambiado la vida.

Que el agua potable puede estar contaminada. Que el avión que tiene que abordar puede ser un misil y que en cualquier momento puede otra vez ser objeto de otro ataque de los embanderados de la muerte. Como si hubiera despertado de un sueño y al hacerlo se encontró con una realidad que no le parece propia.

Si no hubiera habido un 11 de septiembre, cualquiera estaría tentado de tomarse en broma los miedos y los temores. Pero hay más de 7.000 muertos, otros tantos heridos y millones de seres humanos que viven en un territorio que de repente se convirtió en hostil. La batalla por ahora la van ganando los terroristas diseminando la peor de las armas no convencionales y que produce más estragos que el ántrax: el miedo. Esta sensación de vulnerabilidad hace que naturalmente los ciudadanos repiensen una y otra vez las cosas antes de hacerlas. La reacción es normal.

Pero el problema es que con el miedo se dañan dos pilares fundamentales del país. Por un lado la confianza: el norteamericano medio, cree mucho en el valor de la palabra. Digo esto con la pequeña autoridad de ser extranjero. Una de los primeras ( y fantásticas) sorpresas con las que uno se encuentra es que en Estados Unidos la palabra tiene valor. Por eso no pasa por la mente de un norteamericano que el pasajero de un avión aerocomercial termine siendo un terrorista.

El otro pilar es la economía. Es cierto que la caída de confianza del consumidor —que parece no tener fin— es un fenómeno pero no menos real, que se ha profundizado seriamente a partir del 11 de septiembre. Esta es otra de las batallas que están dando el gobierno republicano y los ciudadanos: que los atentados no introduzcan al país en una de las peores recesiones de su historia.

Por eso el gran desafío de esta generación no es enlistarse y buscar a los terroristas. De eso se encarga otra gente. La batalla ahora consiste en derrotar a aquellos que pretenden cambiar la forma de vida norteamericana con un arma más poderosa que la de ellos: simplemente seguir viviendo como lo hacían antes de los atentados.

Esta guerra del terror no se gana con un fusil. Se gana con inteligencia, con valor; creyendo en lo que uno es; defendiendo sus valores y los de su país. Y si en algo es grande Estados Unidos es en la democracia no solo como forma de gobierno. Sino como forma de vida.

(Fabian Domán es corresponsal en Estados Unidos de Radio 10, CVN (Cablevision Noticias) y BAE de Argentina. ¿Tiene algún comentario o sugerencia? Envíelo a: columnavertebral@hrn.org. Para útiles enlaces e información sobre el atentado del 11 de septiembre, diríjase al www.accesohispano.org.)

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