September 26, 2003

Crueldad almacenada

Duplex de Danny deVito funciona a más de una escala

Por Jose Daniel Bort

El trabajo de Danny de Vito como director se ha concentrado en un género en específico: la comedia cruel. Este prolífico director, actor y productor parece tener un morbo especial, cuando se pone al control de un rodaje, por la crueldad a gotitas, diseccionando la bondad de las personas y analizando concienzudamente que los hace convertirse en déspotas. En su última comedia: Duplex, protagonizada por Drew Barrymore y Ben Stiller, por lo general lo logra.

Mucho más efectiva que su última producción “Death to Smoochy”, Duplex narra la historia de una pareja de casados en Nueva York que consiguen el hogar ideal a un precio increíble con un único problema: tienen a una inquilina en el piso de arriba. Bajo las leyes de alquiler no la pueden sacar de la casa, pero la señora está muy vieja y parece enferma, así que “quizá” este problemita pueda tener una solucion más o menos rápida. O por lo menos así lo sugiere el director cuando los amantes deciden comprar la casa de todas formas.

Este estudio en ambición y avaricia funciona porque los personajes principales tratan en lo posible de asumir una posición “humana” en torno al pequeño problema que tienen en el piso de arriba. Lo que no saben es que el pequeño problema tiene más años de vida y muchas lecciones aprendidas con respecto a ambición y avaricia, por lo que se deben preparar para la batalla.

La conmovedora viejecita que cambia todo el panorama con dulce acento irlandés es toda una revelación. Eilen Essel, con apenas dos créditos de televisión en Gran Bretaña, parece una actriz sólida y tremenda con su insignificancia y doble sentido.

Esta película gozará de muy buen boca a boca y rondará las carteleras por mucho tiempo, en parte también por el interés en sus protagonistas Ben Stiller y Drew Barrymore. Es bueno ser un “insider” de la industria como lo es DeVito y ser capaz de traer a su set de filmación a sus amigos famosos actores para que vendan el producto, porque además su talento prevalece con el material.

Stiller está como pez en el agua en este tipo de comedias tan cercana a su propia sensibilidad como director y Barrymore se siente al principio un poco desubicada entre la necesidad de ser una niña “buena” y la necesidad de poseer el apartamento de sus sueños que por méritos le pertenece. Definitivamente está mucho más a tono en la segunda emoción.

La historia sufre de demasiados “gags” o chistes alrededor de la casa para tratar de conseguir el humor, pero su ritmo es implacable y se siente complaciente con la audiencia lista para reir otra vez. DeVito quiere que nos ríamos de la maldad y después hacernos sentir culpables porque nos estamos riendo del mal ajeno, una línea bastante delgada por correr cuando se trata de interesar a todo tipo de público. Pero el cine de DeVito no pretende ser para todos, tan solo invita a aquellos que son capaces de inteligentemente asumir su propia maldad reflejada en la pantalla.

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