September 24, 2004

Comentario

El Salario Mínimo

Por Humberto Caspa, Ph.D

El gobernador Arnold Schwarzenegger le acertó una bofetada al sector laboral la semana pasada. Claudicó con la esperanza de muchas familias de bajos recursos de incrementar unos magros, pero importantes, centavos en sus haberes semanales. Schwarzenegger vetó la propuesta de ley que aumentaría el salario mínimo. Su argumento: “el alto costo del trabajo en California ocasionaría el éxodo de empresas a otros estados, lo cual afectaría la creación de negocios y oportunidades laborales”. Esta inferencia fundamenta el asedio de los grupos de interés empresarial sobre el gobernador. No tiene bases económicas.

El incremento del salario mínimo de $6.75 a $7.25 por hora desde Julio de 2005, y a $7.75 desde Julio de 2006, no hubiera afectado a los sectores empresariales “golondrinos” como asevera el gobernador. No obstante el alza del sueldo mínimo perturba, en general, la sicología del mercado —aumenta la demanda y también la inflación—, los sectores empresariales afectados por tal medida, sin duda, hubieran sido los que ya han logrado establecer sus raíces en California.

Las empresas que tienen características de pagar el salario mínimo son a menudo los restaurantes, limpieza, hotelería, empresas que hacen giros bancarios a otros países, entre otros. Una respuesta legítima y muy recurrente, aunque no muy popular, de estas empresas ha sido aumentarle unos centavos a sus productos, sin que la gente advierta los cambios. Por ejemplo, un restaurante de comida “chatarra” cobraría cinco centavos más por cada hamburguesa o un burrito. A la larga el bulto del mercado, es decir la clase media, estaría pagando la ínfima alteración a los sueldos.

Ahora bien, en vez de afectar a las empresas en forma negativa, el aumento del salario mínimo le daría más energía al mercado. El Instituto Fiscal de Política Económicas, una agencia independiente de investigaciones sobre la economía, halló que en 1998 el empleo subió 6.2% en doce estados en estudio, cuyos salarios mínimos estaban por encima del promedio del salario federal de $5.15. Este dato indica lo que siempre se supo – desde Adam Smith hasta J. M. Keynes—, que un incremento del poder adquisitivo en el mercado aumenta la demanda. En estas circunstancias, los empresarios venden más, especialmente los productos prestos a “osificarse”, aquellos que se están tornando viejos e inservibles. Asimismo, este proceso acelera la inversión de los productos nuevos.

En consecuencia, mucha gente se preguntará ahora, ¿de dónde traerá el gobernador la idea de que mayores remuneraciones al trabajador arroja datos negativos en la economía? La explicación anterior demuestra lo contrario. ¿Será que los grupos de interés empresarial le están quitando sus ímpetus de “macho man”, y le están incitando a actuar como “girly man”? Probablemente. Tal vez le da miedo aliarse con la Asamblea y el Senado de California, quienes sí aprobaron la propuesta..

Además, a diferencia de años anteriores –de gobierno republicano o demócrata—, California subsiste en uno de sus peores momentos de su vida económica. La razón principal del alejamiento del gobierno de Gray Davis fue precisamente porque el electorado ya no pudo soportar la ineptitud de unos políticos que se dejan dominar por los grupos de interés, especialmente los económicos, quienes exigen la desregulación del aparato estatal. Con la desregulación, los primeros que pagan los platos rotos son los que se encuentran en los quintiles bajos de la economía, concretamente los pobres. Valga la redundancia mencionar que la mayoría de los que trabajan en los sectores de salarios mínimos pertenecen a los grupos hispanos y otros grupos étnicos minoritarios.

El gobernador de California es efectivamente un empresario con muchos logros económicos en su haber. En general, en todo lo que hizo hasta ahora tuvo bastante éxito, incluso en su reciente carrera política. Esperemos que el dolor que le causó insertarse a este país, cuando llegó por primera vez, no se le vaya de la mente. Es importante que recuerde lo difícil que es vivir con un salario mínimo que ni siquiera puede pagar una renta de un departamento de dos habitaciones. El gobernador tiene tiempo de rectificar su decisión. Habrá otra propuesta de incremento al salario mínimo al término de su admi-nistración. Veremos como reacciona en ese momento.

Dr. Humberto Caspa, especialista en temas políticos y económicos.

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