September 17, 2004

Celebración de la Memorable Fecha Septembrina de 1810

Por Paco Zavala

La guerra de Independencia dividió profundamente a la sociedad mexicana establecida en aquellos tiempos. Pasó de una vida tranquila y conservadora a una azaroza tempestad, arrebatada por el huracán de fervor patrio revolucionario que se desató incontenible hasta lograr su objetivo, en aquella memorable madrugada del 16 de septiembre.

Así, la parte de la población intermedia entre españoles e indios, su resultado fueron los mestizos y los criollos, razas nuevas y vigorosas en las que se unirían las cualidades de las dos razas, la vencedora y la vencida. También quedaron apartadas del movimiento político y muchos se unieron y participaron en la contienda.

Después del movimiento, se abrirían paso lentamente y formarían parte activa de la insurreción y conseguirían lo que tanto anhelaban la libertad del yugo hispano.

Las ideas independentistas surgen del trono mismo de los reyes españoles. El tratado de París firmado el 3 de diciembre de 1783, contenía en sus páginas, más que la satisfacción de los rencores internacionales de las dos potentes monarquías borbó-nicas, fecundas semillas de libertad para las colonias de España en América. Carlos III, reconoce la Independencia de las colonias inglesas de América. Ese fue un solemne momento para la dominación española en el Nuevo Mundo. Desde entonces quedaba desarmado el antiguo derecho de poseción confirmado por el Papa Alejandro VI (Papa de 1492 a 1503) al expirar el siglo XV y se reconocía a su vez alzándose consagrado el derecho de los pueblos a su libertad e independencia.

La conspiración de Valladolid, sofocada a fines de 1809, puede ser considerada como el preludio de la que se formó en Querétaro, en el curso del siguiente año. Allende y Abasolo, se encontraban estrechamente relacionados con estos hechos, su participación dinámica y activa es inobjetable en el movimiento que se derivó de las juntas de Querétaro. Don Miguel Domínguez, el Corregidor y su esposa Doña Josefa Ortiz de Domínguez, participaron activamente en las reuniones que con pretexto de tratar asuntos puramente literarios se efectuaban en aquella ciudad, en ocasiones en casa del presbítero don José M. Sánchez y otras en la del abogado Parra.

Aparte de las personas nombradas en el párrafo anterior, también participaban los abogados Altamirano y Laso, don Francisco Araujo, don Antonio Tellez, don Ignacio Gutiérrez, don Epigmenio y don Emeterio González, el regidor Villaseñor Cervantes, el capitán don Joaquín Arias, del regimiento de Celeya, el teniente don Francisco Lanzagorta, del regimiento de Sierra Gorda, el teniente Baca, del regimiento de San Miguel y algunos otros oficiales y paisanos. Los capitanes don Ignacio Allende, don Mariano Abasolo y don Juan Aldama, del regimiento de Dragones de la Reina, residente en San Miguel el Grande, quienes tuvieron relación permanente con los conspiradores de Valladolid, estos iban secretamente a Querétaro, a las juntas distinguiéndose entre todos los conjurados, el capitán Allende.

La idea de la independencia encarnó y enraizó en un hombre de grande nobleza, altivo, audaz. Al dominar el idioma francés se enteró por medio de la lectura de libros provenientes del viejo mundo de los pormenores del triunfo de la Revolución Francesa y del triunfo independentista de los hermanos del norte de nuestra América. Este hombre durante muchos años meditó pacientemente en el silencio de su retiro el proyecto de la gigantezca obra que emprendería de liberar al pueblo mexicano de sus opresores. Hidalgo, emprende concentrando las aspiraciones justas y necesarias de la inmensa mayoría de los mexicanos de aquel tiempo. Con pobre acopio de elementos materiales, (armas y municiones), pero con una fé y una esperanza ciegas puestas en el final del resultado de su empresa. Con la abnegación de que están dotados los fundadores de naciones libres, resuelve apresurar la hora suprema urgido por el descubrimiento de su grandioso proyecto, y cuando se entera de que la orden de su aprehensión ha sido expedida por las autoridades españolas, aquel cura de Dolores, aparece con toda la magnificencia de su personalidad heróica, al asomar la aurora del 16 de septiembre de 1810.

Ese caudillo es el ilustre varón que acepta el sacrificio y el martirio de su vida, desde el instante mismo en que su augusta voz convoca a sus hermanos a alcanzar la luz de la independencia, y por ésta razón se le llama: El Padre de la Patria.

De ésta manera el ejército insurgente, con indómito ardor y vehemencia se abate sobre Guanajuato y se inicia el baño de sangre que por muchos años viviría el país.

Después de estos primeros encuentros acaudillados por Allende, Aldama, Abasolo y otros insurgentes, surgen nuevos caudillos que se dispersan por los estados de Zacatecas, Nuevo León, Sinaloa, Sonora, Nuevo Santander, Texas. Los Rayones, Liceaga y Verduzco continúan la obra que iniciaron Hidalgo y Allende. Estos combaten con las armas y difunden por medio de la prensa las claras ideas de libertad e independencia para los mexicanos de aquellos tiempos.

Mientras esto acontece en el norte, por el sur aparece el gran hombre de guerra y estratega Don José María Morelos y Pavón. Morelos, sorprende a los realistas con las increíbles proezas de sus ataques y es seguido por los tenientes Bravos, Galeanas y Matamoros, hombres que con su valor y amor al movimiento acompañan al ilustre Morelos y Pavón.

Esos hombres que ofrendaron su sangre y sacrificaron su vida, se vieron envueltos de una pasión libertadora y embriagados por la idea de la independencia, al percibir lo desventajoso que era para los indios vivir en condiciones infrahumanas, explotados con vileza por los españoles y demás razones de todos conocidas para tomar la acción al precio que fuera realizarla.

El capitán don Ignacio José de Allende, nació en San Miguel el Grande, intendencia de Guanajuato, el 21 de enero de 1779. Hijo de don Domingo Narciso de Allende, un español acomodado, y de doña María Unzaga, de linaje perteneciente a una de las principales familias de aquella villa. Habiendo muerto su padre, quedó confiada su familia a un español llamado Berrio, quien cuidó con esmero los intereses que le confiaron, arregló los negocios pendientes, satisfizó las deudas y entregó a la familia una cantidad considerable de dinero como fruto de su honrada administración. Joven, a los 23 años de edad, Allende, contrajo matrimonio con la señorita de San Miguel, doña Luz Agustina de las Fuentes, quien murió poco tiempo después. En el transcurso de su tiempo de matrimonio avanzó en su carrera militar y, al iniciarse la gesta de independencia era ya capitán del regimiento provincial, “Dragones de la Reina”, que guarnecía la villa de San Miguel y los pueblos inmediatos. Había estado en el cantón de San Luis a las órdenes de Calleja, en tiempos del virrey Marquina, y luego residió en la capital durante el año de 1807. Fue distinguido por el virrey Iturrigaray con una afección particular.

Don Juan Aldama, capitán del regimiento provincial “Dragones de la Reina”, nació en la villa de San Miguel. Participó en las reuniones de Querétaro y al ser conocido el movimiento por los realistas dió aviso a Hidalgo. Aldama, era muy amigo de Ignacio Allende, y lo unía con él una estrecha amistad y le secundaba fielmente en todos sus proyectos y empresas; así se involucró en el movimiento de independencia. Aldama, fue aprehendido y fusilado y su cabeza fue expuesta en Guanajuato.

Otro insurgente ilustre lo fue don José María Abasolo; capitán del mismo regimiento. Abasolo era el más joven de los tres capitanes, y la influencia que sobre él ejercía Allende, lo hizo entrar en la conspiración. Abasolo era muy rico y el papel que desempeñó en la lucha de independencia no fue muy brillante. Hecho prisionero en Acatita de Baján, por las tropas realistas, es procesado y enviado a España en donde purgó una larga condena en el Castillo de Santa Catalina de Cadíz, en donde muere asistido por su esposa.

Miguel Hidalgo y Costilla, su nombre completo era el de José Miguel Gregorio e Ignacio, nació el 8 de mayo de 1753, en el rancho San Vicente, perteneciente a la hacienda de San Diego Corralejo, dentro del Municipio de Pénjamo, Estado de Guanajuato. Sus padres fueron don Cristóbal Hidalgo y Costilla, administrador de la hacienda de San Diego Corralejo y de doña Ana María Gallaga Mandarte. Su madre murió cuando él contaba con nueve años de edad.

Hidalgo vivió una infancia tranquila y alegre. Al crecer se trasladó a Valladolid, (hoy Morelia), en unión de sus hermanos para estudiar una carrera. Hidalgo, escogió la carrera eclesiástica e ingresó al Colegio de la Compañía de Jesús. La arbitraria expulsión de los Jesuitas ordenada por el rey Carlos III, causó en el joven Hidalgo una especial impresión. Después de una breve estancia en Corralejo y Tejupilco, siempre en compañía de su hermano José Joaquín, vuelve a Valladolid e ingresa al Colegio de San Nicolás, institución que fuera fundada por Vasco de Quiroga en el siglo XVI. Al demostrar una habilidad disquisitiva en teología, Miguel Hidalgo es bautizado con el mote de “El Zorro”. Hombre de gran capacidad intelectual, logra obtener con facilidad y rapidez tres grados de bachiller en: Artes, Teología y Letras. En 1774, recibe las órdenes menores y cuatro años después se ordena sacerdote.

Miguel Hidalgo, en sus primeros años del ejercicio sacerdotal, los dedica a la vida académica en San Nicolás, en donde fue profesor, tesorero y vicerrector. Llegó a dominar varias lenguas, entre ellas tres de los principales idiomas indígenas de México. Además estudia el idioma francés, el que le da la facilidad de leer algunos libros en el idioma y enterarse de los pormenores de la Revolución Francesa, lo cual inflama sus anhelos libertarios para realizar su gran proeza.

Después de haber servido en los curatos de Colima y San Felipe, en Guanajuato, se hizo cargo de la parroquia de Dolores a finales de 1802, tiempo en el que instruyó a numerosos campesinos sobre diferentes artes y oficios, tales como; música, cultivo de la uva y de las moreras, cría del gusano de seda y de abejas, e instaló talleres de: talabartería, alfarería, herrería y carpintería.

En diciembre de 1808, conoció a Ignacio Allende y participó en las juntas de los descontentos con la situación en la Nueva España, así convenió a sus feligreses a unirse a la lucha por la independencia del país, estos que siempre le creyeron lo apoyaron. Formalizadas estas conspiraciones debieron adelantar la fecha del levantamiento.

El 16 de septiembre de 1810 a las 2 de la madrugada, llegó Aldama al curato de Dolores e informa a Hidalgo que la conspsiración de Querétaro había sido descubierta; ambos decidieron tomar las armas de inmediato. Hidalgo, mandó llamar a su hermano Mariano, a Allende y a José Santos de quienes se hizo acompañar, se dirigió a la prisión a obligar mediante amenazas al alcalde a que dejara en libertad a los presos, mismos que se unieron a la causa.

Al regresar a la parroquia lanzó a vuelo las campanas, llamando a los fieles que en mayoría siguieron el movimiento. El 16 de septiembre partió a San Miguel el Grande, llegando al anochecer con una gran cantidad de gente que se le unió en el camino con armas improvisadas. Al llegar a esta ciudad se le incorpora el Regimiento de la Reina, el cual pertenecía a Allende. En Atotonilco, toma una imagen de la Virgen de Guadalupe, atándola sobre la punta de una lanza, para así crear y tener un estandarte que representara a la independencia.

El padre Hidalgo y sus aliados, tuvieron cruentas luchas en las que se derramó mucha sangre, teniendo algunos triunfos y también derrotas.

El 12 de enero de 1811, Miguel Hidalgo, es informado sobre las posiciones del Ejército Realista por lo que decidió presentar batalla. El 17 se entabló el combate en Puente de Calderón, donde después de seis horas de lucha los in-surgentes fueron derrotados. El cura de Dolores retornó con una parte de sus tropas a Guadalajara y luego marchó a Zacatecas, posteriormente se dirigió a Saltillo, donde le fue retirada la dirección política y militar del movimiento, por otra parte rehuzó aceptar el indulto, expedido por las Cortes Generales de España, porque como el mismo lo dijo: “El indulto es para los criminales, no para los defensores de la patria”.

Cuando Hidalgo y los insurgentes salieron de Saltillo, el 16 de marzo de 1811, con la intención de llegar a EE.UU. para solicitar pertrechos, los realistas ya planeaban la captura de Hidalgo. El 21 de marzo, en el poblado de Acatita de Baján (en el actual municipio de Castaños) Coahuila. La traición de Ignacio Elizondo, detuvo la marcha insurgente e hizo 1 mil 300 prisioneros, incluídos los líderes del movimiento.

Miguel Hidalgo, Ignacio Allende, Juan Aldama, Mariano Jiménez y Mariano Abasolo fueron llevados a Monclova, Coahuila y de ahí a Chihuahua, a donde llegaron el 23 de abril de 1811. A Hidalgo se le asignó como celda el cubo de la torre de la iglesia del Colegio de la Compañía de Jesús.

Después de un juicio sumario, tanto militar como eclesiástico, el auditor Rafael Bracho, formuló el dictámen, el cual presentó al comandante Nemesio Salcedo el 3 de julio. El veredicto: “Reo de alta traición y mandante de alevosos homicidios, debiendo morir por ello”.

El 29 de julio entre las 6 y 7 de la mañana, se reunieron las autoridades eclesiásticas procediendo a su degradación eclesiástica y le fue leída su sentencia de muerte.

El 30 de julio de 1811, en los primeros momentos del alba, el padre José Baca impartió a Miguel Hidalgo y Costilla los últimos auxilios espirituales. Ya esperaba un pelotón de fusilamiento bajo las órdenes del teniente Pedro Armendáriz, el cual ejecutó la orden de fusilamiento.

Al fallecer Don Miguel Hidalgo y Costilla, inmediatamente su cuerpo fue decapitado. Su cabeza al igual que las de Allende, Aldama y Jiménez fueron encerradas en jaulas de hierro y colgadas en las cuatro esquinas de la Alhóndiga de Granaditas, en donde permanecieron hasta la consumación de la Independencia en 1821.

Ahora bien, dentro de la programación de festividades que a nivel nacional se realizan para conmemorar ésta fecha en que el fervor patrio aflora en todos los mexicanos y nos hace vibrar de emoción y de patriotismo, son muchas.

En los sitios en los que se realizaron algunos de estos grandiosos actos heróicos, las celebraciones cada año, son imponentes, emotivas y nacionalistas.

En la capital de México, el señor presidente de la República, pronuncia el famoso “Grito de Dolores”, en el que se enaltece la efigie de Hidalgo, Allende, Aldama, Abasolo, la Corregidora y demás Heróes de la Independencia y sobre todo ese pronunciamiento de “Viva México”, que lo dice con una fuerza infinita. Lo que hace vibrar de emoción a los mexicanos.

Y, así, en todo el país, en cada pueblo, por pequeño que sea se enaltecen a los heróes que nos dieron patria y libertad y se pronuncia la noche del 15 de septiembre el tradicional “Grito”.

Tijuana, preparó muchas festividades para conmemorar este año el 15 de septiembre.

El Mariachi Vargas de Tecalitlán, estuvo presentándose en el Centro Cultural Tijuana, en dos regias pre-sentaciones: a las 7:00 y a las 9:30 pm.

En el ICBC, se presentó el grupo “Datzz Jazz”. El evento inició a las 7:00 pm.

Los Centros Escolares de todos los niveles, celebraron estas fiestas con distintas manifestaciones académicas, festivales y eventos deportivos y de multiple naturaleza.

Cada delegación de la ciudad tuvo su propio programa de festividades, destacándose la ceremonia del “Grito” en Palacio Municipal.

Tijuana está celebrando estas festividades patrias con diversos eventos, durante todo el mes de septiembre.

Return to the Frontpage