September 16, 2005

Comentario:

El Chivo Expiatorio

Por Humberto Caspa Ph.D

El Presidente George W. Bush empieza a buscar un plan de contingencia que pueda revertir su deplorable respuesta al huracán Katrina. El libreto de Maquiavelo nuevamente surge como una prenda académica infalible y como una indumentaria metálica de la Edad Media que cubre su desfachatez política. Si Judas se lavó las manos para exculpar sus culpas, Bush encuentra chivos expiatorios para lavar su desvergüenza.

El rodaje de redención presidencial ya tomó su curso en la Casa Blanca. Un equipo de estilístas políticos se encuentra en el mismísimo aposento de la Oficina Oval para recomponer la fachada sepulcral del Presidente Bush y para contrarrestar las críticas de sus oponentes.

Cada persona reunida en el convite responde a un criterio estratégico. Al Vicepresidente Dick Cheney, le exigieron vestir con ropa de la tienda Thrifty para visitar las poblaciones de Nueva Orleáns. Cheney hizo lo posible para solidarizarse con la gente, pero sus tendencias refinadas de barroco citadino y buen bebedor de vino francés le impidieron ser correspondido.

La secretaria de Estado Condeleeza Rice, por más que se empeña, no logra tener un rol protagónico en el equipo del Presidente. Incluso, Colin Powell, ex jefe de la dependencia que hoy ella preside, fue más solicitado por los medios de comunicación a raíz de la tragedia en Nueva Orleáns. Powell se unió a los críticos del presidente, aunque apuntó que la lentitud de las fuerzas de rescates no fueron a partir de causas raciales. “No fue racismo”, dijo. El secretario de Seguridad Interna, Micheal Chertoff, es omnipresente. Se lo ve por todas partes, pero hace poco o nada para alivianar la desesperación de la gente afectada.

Finalmente, al pobre Michael Brown, hasta hace días director de la Administración Federal de Manejo de Emergencias (FEMA), se le comisionó cargar con todas las culpas del presidente Bush.

Muchos medios de comunicación han evidenciado que Brown no tenía ninguna capacidad para sobrellevar el liderazgo de una oficina de emergencia. Antes de convertirse en jefe supremo de FEMA, fue comisario de una organización de caballos de raza. En consecuencia, sabía más de ponerle pañales a los cuadrúpedos y cortarle las pezuñas, que salvar vidas humanas.

Ni siquiera fue un destacado profesor de ciencias políticas como sugería erróneamente su currículum vitae.

Sin embargo, fue un ayudante asiduo en la campaña presidencial de Bush. Ese simple hecho, le hizo acreedor a un trabajo que no ameritaba su historial profesional. En América Latina, a este tipo de nombramiento político se llama prebendalismo, y es un acto de corrupción altamente penado por la sociedad.

Irónicamente, el mismo presidente Bush ha sido uno de los más críticos a este tipo de nombramientos en otros países. Si él estuviera en América Latina, los movimientos sociales ya le hubieran doblegado el pescuezo.

Lo triste de Michael Brown –aparte de su ineptitud— es que la gente conoce su historia a medias. La agencia que presidía ya tenía las manos atadas antes del presagio del huracán Katrina. El Presidente Bush le había quitado su autonomía, y la localizó como una agencia dependiente de la oficina de Seguridad Interna. En todo caso, Chertoff también debería haber estado en el paredón de los acusados por inepto.

Empero, es el presidente Bush el que toma las decisiones finales dentro de la agencia de Seguridad Interna. Aquí, poco o nada se realiza sin su previa autorización. Cuando se le requirió de su liderazgo, Bush optó alargar sus vacaciones en su rancho.

Algo similar sucedió durante las horas pico del ataque terrorista del 11 de Septiembre. En ese día fatídico, el Presidente prefirió asistir a una reunión de niños en una escuela pública. No supo responder de inmediato a pesar de que sus guardaespaldas le habían informado del ataque.

Ahora pasó lo mismo. En véz de viajar inmediatamente a los lugares de la tragedia en Nueva Orleáns, Bush prefirió hacer una visita política en California. Parpadeó, se durmió y dejó que mucha gente muriera a causa de los vientos huracanados de Katrina. Pero cuando se trata de invadir a otros países, es el primero que se levanta de la cama.

El país se merece un liderazgo ecuánime y más congruente del que ofrece el actual régimen. ¿No cree Usted?

Dr. Humberto Caspa, Profesor de economía política en la Universidad Estatal de California San Marcos. E-mail: hcletters@yahoo.com

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