September 14, 2001

LA COLUMNA VERTEBRAL
El Soporte Informativo Para Millones de Hispanos
Por Yhamel Catacora

El día siguiente

La bandera a media asta, fue la primera señal a la que muchos despertamos y la que nos recordó que no se trataba de una horripilante pesadilla, y sí de la más cruda realidad que el país entero le tocó vivir en toda su historia.

Otros sin embargo despertaron mucho antes; quizás al haber sido un sobreviviente directo de alguno de los atentados o al desconocer el paradero de un conocido, de un familiar o de un amigo; tal vez al haberse tragado el polvo de los escombros buscando otros sobrevivientes, buscando una respuesta; o al presenciar el panorama de una ciudad transformado por siempre; al ver desplomarse en cámara lenta, el principal centro financiero del mundo y con él, el sólido sentimiento de seguridad que albergaba a la mayoría de los ciudadanos estadounidenses.

Una sola noticia dominó los medios de prensa en el mundo entero el día 11 de septiembre. Las imágenes del segundo avión estrellándose a las torres gemelas eran intermitentes. El pentágono, el eje de seguridad nacional también ardía, consternando de igual manera al país y al mundo entero.

Cuántas veces Hollywood habría deleitado a su público con imágenes de explosiones similares; cuántas veces la ficción habría visto a Estados Unidos desmoronado, en ruinas; cuántas veces se habría utilizado a esas imágenes del país en ruinas como símbolo del fin de la civilización. A pesar de la creatividad de los cineastas, a pesar de atentados reales pasados, a pesar del visible desacuerdo de varios grupos políticos y de varias otras naciones ante la política estadounidense, parece que nunca imaginábamos ni advertíamos un desastre de esta magnitud.

El día siguiente, los titulares de los principales periódicos del mundo sólo destacaban un titular. "El mundo libre ante una nueva guerra", decía Le Monde de Francia. "Un golpe de estado a la civilización", decía, El País de España; "El día que cambió el mundo moderno", encabezaba, The Times de Londres, entre miles de otras publicaciones que en distintos puntos del mundo entero y en todos los idiomas, intentaban dar un nombre al atentado.

Un día después del atentado, el diario de la capital, The Washington Post, recapitulaba el terror y el horror que aún no había acabado. Más de uno hojeaba el periódico, lagrimeando o suspirando con su lectura. El desconcierto estremecía. Al reanudar las actividades que habrían sido abruptamente interrumpidas por un evento sin precedente en la capital del país, las primeras horas de trabajo en la capital consistieron en un intercambio de experiencias vividas el día anterior.

La prensa y la colectividad todavía especulaban la razón del atentado, los culpables, el número de víctimas, el impacto a largo plazo. La única certeza era que la capital que creíamos conocer no era más, el país tampoco sería el mismo.

Al despertar a este amargo acontecimiento, es aparente que quienes nos albergamos bajo techo estadounidense hemos sufrido una drástica transformación. Por el momento nuestra raza, nuestro género, nuestra edad han desaparecido y en este momento carecen de sentido. No podemos hablar del otro en tercera persona por que ese otro es un miembro de nuestro país y por ende de nuestro hogar.

El dolor de las víctimas, la desesperación por localizar a un ser querido desaparecido, la muerte de más de dos centenares de bomberos al intentar salvar vidas y aminorar el dolor ajeno; las voces quebrantadas de los congresistas entonando uno de los himnos patrios, las lágrimas de los reporteros narrando los hechos, las marchas de solidaridad, las miradas asustadas de los niños, la endeble llama de una vela que intenta iluminar a un país nublado por el humo y el polvo del desastre, son sólo algunas de las imágenes que estas últimas horas, han sellado en nuestras mentes.

La gran misión del gobierno de los Estados Unidos es como lo dijo el Presidente, George W. Bush, "encontrar a los culpable y castigarlos por sus actos cobardes". La misión del país entero por su parte, parece ser el mantener aquella llama viva, curar las heridas, ampararse unos en otros e intentar continuar la ruta que a cada uno de nosotros nos toca vivir.

Quieres saber dónde obtener más información sobre los servicios de emergencia disponible en las ciudades afectadas, infórmate llamando gratis y en español, a la línea nacional de recursos hispanos al 1-800-473-3003.

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