September 13, 2002

LA COLUMNA VERTEBRAL
El Soporte Informativo Para Millones de Hispanos
Por Elbio Rodriguez Barilari

La cumbre de las frustraciones

La Cumbre Mundial sobre desarrollo sostenible, que acaba de terminar en Johannesburgo, Sudáfrica, marca un capítulo más en la escala de frustraciones que vive el mundo.

Otra vez los países poderosos y ricos se han negado a escuchar el llamado del resto del globo para evitar que la miseria siga creciendo y que la “salud” del planeta continúe empeorando, y con ella la de toda la humanidad.

A América Latina, por primera vez hablando con una voz unitaria y firme, le tocó un papel de honor.

La posición consistente y meditada de los representantes latinoamericanos ha contrastado con la hipocresía de los países europeos y Japón, por cierto.

Los miembros de la Comunidad Europea  son razonables en el tema del medioambiente, las restricciones en las emisiones de ozono y ciertas políticas energéticas.

Pero son sordos, ciegos y mudos cuando se entra a debatir la abolición del gran muro que separa a pobres de ricos: los subsidios que los países opulentos otorgan a su propia producción agrícola, y que impiden a las naciones del Tercer Mundo competir en condiciones justas.

En una situación aún más radical, criticada y criticable, han quedado los Estados Unidos. La no asistencia del Presidente Bush fue interpretada unánimemente como una bofetada a la representatividad de esta cumbre. Hasta un aliado dócil de la administración Bush como el Primer Ministro británico Tony Blair se manifestó molesto.

Colin Powell, casi evaporado del panorama de Washington, desautorizado en el tema del Oriente Medio, y reprimido en sus intentos de evitar la invasión a Irak, fue el delegado a cargo de una misión imposible.

Porque imposible resultaba defender las políticas unilaterales de la administración Bush en materia de medioambiente, energía y desarrollo.

Esta administración se ha negado a suscribir los protocolos de Kyoto en materia de emisiones venenosas. Eso le ha traído aislamiento en material internacional, e incluso, la ira de muchos aliados.

Pero no es el único tratado básico para la “salud” de planeta que se ha desconocido. Están también todos los referidos a la proliferación nuclear, las minas antipersonal, los derechos de los niños y las mujeres. Y por supuesto, el hecho de estar pregonando a voz en cuello el tema del libre comercio, mientras al mismo tiempo se ponen en práctica disposiciones proteccionistas, como se ha hecho recientemente con el acero.

Europa y Estados Unidos, conjuntamente, hicieron fracasar las perspectivas reclamadas por el Tercer Mundo de una reducción drástica en los subsidios, como marcaban los llamados acuerdos de Doha.

Estados Unidos, por su parte, hizo fracasar todos los intentos conjuntos de Europa y el Tercer Mundo por establecer prioridades, plazos y metas en la substitución del petróleo por formas de energía renovable.

Lo que América Latina y el grupo de los 77 reclamaban era un 10% de transferencia para el año 2010, nada exagerado. A cambio, Washington bloqueó toda posible precisión para quedarse con una simple declaración de “intenciones” vagas e indefinidas al respecto.

El único compromiso que se logró fue el de que para el año 2015 se reducirá a la mitad el número de habitantes del planeta que no tienen agua corriente.

Actualmente son 2400 millones. Sí, dos mil cuatrocientos millones, casi la mitad de la especie humana, no disponen de agua corriente. Este compromiso es algo, pero es muy poco. Lo más auspicioso es que los países pobres parecieron más decididos a tomar su destino en sus manos, con América Latina a la cabeza.

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