September 12, 2003

LA COLUMNA VERTEBRAL
El Soporte Informativo Para Millones de Hispanos
Por Maite Arce Argleben

Una Llamada Alienta a Miles de Latinos

Todo empezó con un teléfono público de Jamaica, en Nueva York. Ahí, una muchacha llamada Esperanza realizó la llamada que cambió su vida, pero también la de miles de Latinos. Imagínate, estaba embarazada con tan sólo 17 años de edad. Su mamá y su papá no lo sabían. Es más, ellos se encontraban en Puerto Rico y no podían adivinar la manera cómo había crecido la barriga de su hija. Sólo lo sabía su prima, porque Esperanza compartía la renta con ella mientras trabajaba por las noches limpiando oficinas.

La barriga de Esperanza se hacía cada vez más grande y ella pretendía dejar pasar los meses como si nada estuviera ocurriendo. Por el contrario, soñaba despierta con casarse y vivir en una casa. Pero iba a ser madre, y muy pronto, tal vez ese día.

Mientras se acercaba hacia el teléfono para hacer la llamada, el vientre le dolía cada vez más. ¿Por qué está tan fuerte el dolor? Se preguntó a sí misma, mientras crecía su miedo. Sostuvo en la mano el número telefónico que había apuntado en un papel semanas atrás. Había escuchado a una mujer en la radio hablando sobre la importancia de ver a un médico para poder tener un bebé saludable. “¿Qué pasa si llamo y no hablan español?, ¿qué pasa si no me pueden ayudar?, ¿qué pasa si no les importa?” pensó. “Probablemente no les importa... y ¿por qué habría de importarles? Todo el mundo tiene problemas y yo estoy en esta situación por haber pensado que esto no me podía pasar a mí. Nadie se va a preocupar por una chica como yo”.

Yo, mientras tanto, había estado ocupada todo el día en la oficina, hablando por teléfono con varios directores de programas radiales, tratando de convencerlos para que transmitieran nuestros programas educativos en español.

Cuando entró una llamada a nuestro número central en la Red Hispana de Radio, levanté el teléfono y contesté con mi típica voz de negocios en inglés. Al otro lado de la línea, una voz suave dijo “Ayúdeme por favor”. Cambié al español.

Me dijo que llamaba porque había escuchado un programa de radio que la había motivado a buscar ayuda. Había llamado a la estación radial y le habían dado este número. Dijo que estaba embarazada y que le dolía el vientre, pero que no sabía a quién pedirle ayuda. Dijo que se sentía sola y asustada.

Me alarmé de inmediato. Alguien tenía que ayudar a esta muchacha. Yo tenía que ayudarla. Le hice algunas preguntas y antes de ponerla en espera le dije, “No te preocupes, haré todo lo posible para encontrarte la ayuda que necesitas”.

Por la otra línea llamé al servicio de información. Nunca había escuchado hablar de Jamaica, Nueva York, pero la operadora me proporcionó los nombres y números telefónicos de dos hospitales del área. Ubiqué a una enfermera bilingüe que se llamaba Margarita. Margarita me dijo que esperaría a la muchacha en la entrada de la puerta de emergencias del hospital, el cual estaba a tan sólo una cuadra de distancia. También me dijo que no había problema con que la muchacha no tuviera seguro médico, ella se aseguraría que Esperanza recibiera el tratamiento que necesitaba.

Volví a la línea de Esperanza y le dije que caminara una cuadra hacia la puerta de emergencias donde encontraría a una enfermera de nombre Margarita, quien estaría esperándola. Esperanza me dijo, “Gracias, que Dios se lo pague” y luego, colgamos. Me senté en mi silla y respiré profundamente.

Aquel día, mientras manejaba a casa, pensé en Esperanza y su camino hacia la maternidad: ¿Qué le depararía el futuro? ¿Qué pasaría si necesitara alimentos para su bebé luego del parto? ¿Quién cuidaría del niño mientras ella trabajaba? Mi ansiedad creció hasta que me di cuenta de que, al menos por hoy, Esperanza tendría a Margarita. Estará bien por hoy, pensé. Con suerte, Margarita la conectaría con  recursos que pudieran ayudarla a ella y a su bebé. Pero ¿y las otras muchachas como Esperanza que no llamaron y que no tienen esa ayuda?

Nunca dejé de pensar en Esperanza y Margarita. Un año después, con la ayuda de mi jefe, nació la Línea de Ayuda. Actualmente, contamos con un staff de especialistas bilingües entrenados para brindar servicios de información y referidos, quienes pueden tomar llamadas provenientes de cualquier punto del país. Nuestro número gratuito se anuncia de manera regular en la Red Hispana de Radio y se publica en La Columna Vertebral.

Hemos desarrollado una enorme base de datos con más de 12,000 proveedores de servicios a través de todo el país -organizaciones que ofrecen servicios de bajo costo de salud, servicios sociales, consejería de crédito y propiedad de vivienda, consejería en asuntos de inmigración y mucho más.

Basándome en mi experiencia, puedo decir que nunca ha habido una falta de deseo de vivir una vida mejor y para alcanzar el éxito por parte de las personas que nos llaman. Sólo ha existido la falta de acceso a los recursos vitales que se necesitan para que ésto suceda. Los Latinos enfrentan muchas barreras al llegar a este país. Pero también existen personas en los Estados Unidos que, al igual que Margarita, están dispuestas a ayudar. Ahora existe un lugar donde llamar y encontrar personas como Margarita. Llámenos a la Línea de Ayuda 1-800-473-3003.

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