September 10, 2004

Día del Migrante

Por Luis Alonso Pérez

Cuando alguien muere, su familia le lleva una cruz con su nombre a la tumba. Si fallece lejos de casa y su familia no lo sabe, no hay nadie que llore por él, no hay nadie que le lleve una cruz. Si existieron testigos de su muerte con el tiempo lo borrarán de su memoria. Su muerte y su nombre habrán quedado en el olvido.

Pero cuando cientos de personas mueren al año al tratar de cruzar la frontera hacia Estados Unidos con la esperanza de encontrar un trabajo, su muerte y su nombre no deben ser olvidados.


El Padre Luis Kindzierski, director de la Casa del Migrante, bendiciendo las cruces

El pasado sábado 4 de septiembre cien cruces fueron colocadas con los nombres de personas, que tan sólo este año han fallecido al tratar de cruzar la frontera. Los activistas pro-migrante de esta frontera, se dieron a la tarea de clavar las cruces de la memoria en la barda que divide a México y Estados Unidos, frente al Aeropuerto de Tijuana.

Las cruces fueron bendecidas por el Padre Luis Kindzierski, miembro de la Coalición pro-defensa del migrante, grupo responsable de organizar este evento, el cual forma parte de la conmemoración del día del migrante.

Desde hace varios años la Iglesia Católica en México observa el primer domingo de septiembre como el día del migrante. Para los fieles, es un momento de reflexión sobre una situación que continua cobrando las vidas de miles de personas de México, Centro y Sudamérica.

El Padre Kindzierski, director de la Casa del Migrante Scalabrini, explica que este acto es una invitación a solidarizarse con los que no encuentran otra opción que la de jugarse la vida en la frontera para mejorar sus condiciones de vida.

La instalación de cruces fue interrumpida durante más de un año, ya que a mediados del verano pasado —cuando el número de muertes comenzaba a volverse alarmante— la Secretaría de Relaciones Exteriores cambió su política respecto al manejo de la información sobre los migrantes muertos, negándose a seguir haciendo públicas las listas de estos fallecidos.

Para obtener esta información fue necesario que la Coalición recurriera al Instituto Federal de Acceso a la Información, para obligar a la Secretaría a que liberara nuevamente las listas.

Claudia Smith, quien encabeza la California Rural Legal Assistance Foundation, afirma que las autoridades “coincidentemente retuvieron las listas en el verano más mortal”.

Esta información no sólo se requiere para la instalación de las cruces, también son nece-sarias para fundamentar la demanda que la California Rural Legal Assistance Foundation —proyecto fronterizo de San Diego— ha interpuesto contra los Estados Unidos ante la Comisión Interamericana de Derechos Humanos, con el argumento de que la estrategia estadounidense para controlar la frontera es un abuso de derecho y con la exigencia de que se indemnice a las familias de los migrantes muertos.

Pese a la campaña de búsqueda y rescate desarrollada por el gobierno de Estados Unidos, la probabilidad de morir cruzando la frontera es casi el doble de lo que era antes de que se adoptara el mencionado proyecto de salvamento en el verano de 1998.

Smith asegura que la explicación para esta aparente paradoja, es que los migrantes están siendo desviados a zonas tan apartadas que la posibilidad de ser rescatados es mínima. “En promedio un migrante muere al día. Especialmente mujeres y niños que buscan reunirse con sus familias en Estados Unidos”.

Otro de los grandes peligros que corren los migrantes indocumentados es la muerte por asfixia cuando son escondidos en vehículos. Esto se ha vuelto una práctica común entre los traficantes de personas el esconder individuos en las cajuelas, asientos o tableros de automóviles, así como en dobles fondos en las cajas de camiones de transporte.

Los representantes de la Coalición Pro-Defensa del Migrante, se muestran escépticos de que las nuevas advertencias hechas hace unos días por la patrulla fronteriza desalienten el cruce de migrantes indocumentados, debido a la dura situación económica en México y la constante demanda para la mano de obra indocumentada en los Estados Unidos.

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