September 9, 2005

Comentario:

La Frialdad del Presidente Bush

Por Dr. Humberto Caspa, Ph.D

La frialdad del Presidente George W. Bush sorprende al más apolítico del planeta. Su decisión de nombrar al Juez John G. Roberts como reemplazante de Sandra Day O´Connor en la Corte Suprema de Justicia había dejado mudos a la mayoría de los Demócratas. Ahora que ha optado nombrar a esta misma persona como jefe y sucesor de William H. Renhquist, los propios Republicanos quedaron destartalados. A los ultra-conservadores la felicidad se les escapa por el sudor de la frente.

Si de probabilidades se trata, es más fácil sacarse la lotería que acertar quién será el nuevo reemplazante de O´Connor. Para Bush, todos están en la contienda, incluyendo el abogadillo de la esquina. Al Procurador General de la república, Alberto R. González, se le paran las orejas de sólo imaginarse que puede ser uno de los elegidos. Y a la juez federal de apelaciones de Nueva Orleáns, Edith Brown Clement, le tiemblan las piernas por haberse enterado que uno de los periódicos más leídos de la nación (LA Times) ya la ha considerado como una de las candidatas predilectas.

Sin embargo, lo importante no es saber quién va ser el próximo seleccionado. Eso, de momento, mantiene sin cuidado al Presidente Bush. Lo fundamental de este proceso fortuito es sentar un precedente generacional en el sistema jurídico para que su gobierno y la sociedad norteamericana en su conjunto puedan moverse bajo los hilos legales de un neoconservadurismo exacerbado.

Con Roberts, el Presidente ya tiene montada la pieza angular. Ahora le falta encontrar a otro u otra magistrado federal con las mismas facciones ideológicas y el mismo semblante político. La inteligencia del candidato no cuenta tanto. Tampoco importa si esa persona es latina, mujer u hombre, o incluso si es gay o lesbiana. Lo importante es que se encaje dentro de su agenda programática neoconservadora.

Paradójicamente, la maquinación del futuro del país se está configurando en medio de una coyuntura política contradictoria a los ideales del gobierno de Bush.

Por una parte, su impopularidad es clara y no se perciben visos de mejoramiento entre su gobierno y los ciudadanos norteamericanos. Algunas semanas atrás, datos estadísticos mostraban que alrededor del 60% de la población votante no estaba de acuerdo con sus políticas domésticas e internacionales, especialmente con su campaña en Irak. Este número se ha incrementado notablemente debido al despliegue ineficaz de su gobierno contra los estragos que causó el huracán “Katrina”. Incluso, muchos partidarios del partido Republicano criticaron el liderazgo de su administración por la falta de programas de rescate y pocos recursos utilizados.

Por otra parte, hay que agregar a la situación actual el deterioro de la economía del país. El precio de la gasolina ha remontado los tres dólares en muchos estados, y se prevée que subirá un porcentaje más en los próximos días. En consecuencia, la inflación en los productos directamente asociados con los hidrocarburos ya es un hecho, y es probable que el grueso de los artículos sean jalados por esa corriente inflacionaria. Esto implica que el mercado sufrirá un proceso de desestimulación debido a que el dólar, con relación a los productos, perderá de valor. Las familias norteamericanas gastarán más dinero para llenar su canasta familiar con productos prioritarios, y tendrán pocos dólares restantes para desembolsar en mercancías suntuarias (de lujo o diversión).

Mientras tanto, el presidente Bush con mucha frialdad equipara su legado, no con acciones –para eso su mente no funciona— sino con un equipo de personas que, con excepción al ex general Colin Powell y otros pocos individuos, han sido fieles a su palabra. Esperemos que la elección del nuevo juez federal confluya con el temple de la mayoría de la nación. Si eso ocurre, el nuevo candidato o candidata será alguien cuyas características se asemejen un poco a los ideales de O´Connor, y si no será igualito que el Presidente: frío como el hielo y calculador como Nicolás Maquiavelo.

Dr. Humberto Caspa, Profesor de economía política en la Universidad Estatal de California San Marcos. E-mail: hcletters@yahoo.com

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