September 5, 2003

Politica a la Mexicana

Los Tropiezos de Fox

Por Luz Aída Salomón

El presidente mexicano Vicente Fox, hombre dicharachero, ranchero desparpajado, empresario pragmático, candidato arrollador, presidente desganado, llega a la mitad del sexenio gubernamental sin cumplir la promesa de aplastar —según sus palabras— a tepocatas, arañas y alimañas, que para los mexicanos significa desmantelar el régimen autoritario impuesto por el Partido Revolucionario Institucional (PRI) durante setenta y un años.

Los tropiezos de Fox empezaron desde el 1 de diciembre de 2000, al darse la separación mutua de su Partido Acción Nacional (PAN) y dejar desintegrado a los Amigos de Fox, quienes lo llevaron a la Presidencia de la República. Al mismo tiempo, se olvidó de mantener vivo el voto útil que le otorgó la izquierda mexicana. Hoy, Fox se queda con la popularidad de su honradez y franqueza, lo cual no es poco frente al acartonamiento y la corrupción de los presidentes del PRI, pero insuficiente para despejar el camino hacia la democracia en México.

Hay más, el mayor tropiezo de Fox y el PAN está en no quitarle el freno al cambio —parafraseando el slogan panista—, pues están en la creencia de que la política es una cuestión técnica donde hay una solución y ésa es la propia. No, gobernar en democracia obliga argumentar hasta la extenuación para defender principios o una materia y, al mismo tiempo, estar preparados para cambiar de opinión si los argumentos de los adversarios políticos son los mejores y más convenientes para el desarrollo de la nación. Sumado a ésto, se observa que Fox no ha tenido la visión política de contar con un hombre, distinto al Secretario de Gobernación, dedicado a la interlocución con el Congreso de la Unión; porque, por primera vez en la historia reciente del país el Presidente no controla las cámaras de diputados y senadores, aunque también es preciso decir: el Congreso y los partidos políticos no han asumido la responsabilidad histórica de apoyar o dar pie a los cambios estructurales (energético, fiscal y laboral) que reclama el desarrollo de México. Aquí están presentes vestigios del pasado, cuando el Congreso con mayoría priísta y el PRI sólo recibían ordenes del Ejecutivo para ser cumplidas por el presidente en turno.

Estos antecedentes nos permitirán vislumbrar si en el Tercer Informe de Gobierno de Fox, presentado ante la recién estrenada 59 Legislatura del Congreso, el lunes 1 de septiembre, el Presidente reconoce que con más tropiezos puede caer y dejar de hacer los virajes necesarios para pasar a la historia no sólo como el hombre de la alternancia política, sino como el estadista que fijó el rumbo para la transición democrática y el desarrollo económico y social en México.

Con un discurso de 50 cuartillas, leído ante los medios de comunicación nacionales en poco más de hora y media, Vicente Fox presidió un evento ceremonial mexicano en el que la realidad se presenta resbaladiza entre aplausos, gritos, abucheos y silbidos. Tal parece que no existen 50 millones de mexicanos en la pobreza pues todo transcurrió sin sorpresas, viéndose representados dos Méxicos: uno autoritario, que no ha muerto y otro con problemas en la transición democrática. En este ambiente, el Presidente cumplió con el precepto constitucional de informar al Congreso sobre su gestión gubernamental. Así, el Tercer Informe foxista fue optimista, sincero y conciliador y, al mismo tiempo, reiterativo y contradictorio.

Para empezar, el presidente Fox presumió de los cambios democráticos realizados durante casi tres años de su gobierno: libertad de expresión; division de los poderes Ejecutivo, Legislativo y Judicial. Aquí, señaló el combate a la corrupción, plasmada en la Ley de Transparencia y Acceso a la Información Pública Gubernamental. En cumplimiento de ésta Ley, se han realizado 3 mil 700 auditorías, sancionado a 2 mil 500 servidores públicos y recuperado 2 mil 500 millones de pesos.

Por otra parte, en el discurso destacó la sinceridad de Fox al reconocer que hay inconformidad entre los mexicanos por la falta de eficacia y de experiencia en su equipo de trabajo. También apuntó que el crecimiento de la economía y la generación de empleos han sido insuficientes. Tan es cierto que miles de mexicanos siguen cruzando la frontera con Estados Unidos en busca de empleo, por eso es que los trabajadores migrantes enviaron en 2002 una cifra récord de 9 mil 814 millones de dólares. Y según los especialistas, el crecimiento económico del país para el 2003 apenas rebasará el 1% y, en los tres años de Fox, se han perdido casi 600 mil empleos. Pero la sinceridad foxista rayó en el optimismo cuando habló de altas inversiones en educación y salud, mientras en la provincia mexicana las escuelas trabajan en condiciones deplorables y los hospitales carecen de los más indispensables medicamentos.

Sin embargo, la reiteracion de Fox para llegar a acuerdos políticos con el Poder Legislativo fue la característica principal de este tercer mensaje a la nación, porque de ellos dependen las reformas del Estado, hacendaria, energética, de telecomunicaciones y laboral. Igual que en los dos años anteriores, repitió: hay reformas o no hay crecimiento económico y tampoco habrá empleo. En otras palabras, la pobreza seguirá enseñoreándose en los pueblos y alrededores de las ciudades de México.

Para terminar este análisis, debe puntualizarse la contradicción foxista de mantener la soberanía del Estado en el petróleo y la electricidad, así como no aumentar los impuestos ni ceder frente al corporativismo sindical. Pero, al mismo tiempo, insiste en que las reformas estructurales permitirán la participación del capital privado y la competitividad en los sectores energéticos y de telecomunicaciones; así como modernizar las relaciones laborales y superar la insuficiencia recaudatoria y la inequidad del sistema fiscal.

En fin, se trató de un informe al estilo del presidente Vicente Fox, fácil de entender pero difícil de asimilar porque México vive tiempos de reclamos e insatisfacciones económicas y sociales y, mas aún, de desencanto politíco, que de continuar el “dejar hacer, dejar pasar”, el Presidente Fox se precipitará al vacío y el 2006 podría ser el regreso del paternalismo autoritario y la corrupción como tragedia cotidiana.

Presentación: Esta columna política es la continuación de Plaza Dominical, publicada desde 1992 en el periódico independiente Noroeste y en el semanario del mismo nombre en el estado de Sinaloa, México. Correo electrónico: luzaidasalomon@hotmail.com.

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