September 3, 2004

LA “URBANIZACIÓN” DEL SINDICATO DE CAMPESINOS

El Sindicato de Trabajadores Agrícolas (UFW), creado a mediados de los 60s por el legendario César Chávez, enfrenta una profunda transformación debido a su actual orientación electoral

Por Eduardo Stanley
Pacific News Service


FRESNO - A mediados de los 60s, una huelga iniciada por trabajadores filipinos en los campos de uva de Delano, al sur del Valle Central, daría nacimiento a un poderoso movimiento de reivindicación del trabajador agrícola y posteriormente a la creación de su propio sindicato. Cuando aquellos huelguistas pidieron ayuda a Chávez eran concientes del nuevo rumbo que tomaría su movimiento‹aunque no previeron su dimensión.

Después de casi 10 años, el jóven sindicato logró el reconocimiento de los agricultores, quienes poco a poco aceptaron la participación sindical de sus trabajadores. El trabajo sindicalizado significó por primera vez mayor estabilidad, salario mínimo, baños y agüa potable disponibles. Luego vendrían los planes de salud y de jubilación. Los logros de la UFW (Unión de Campesinos, por sus siglas en inglés) son históricos y suscesivos gobiernos republicanos de California realizaron toda clase de maniobras para eliminar o controlar esos triunfos.


Arturo Rodriguez

Esta situación, dicen dirigentes del sindicato, los llevó a una mayor participación en el terreno de la política. Sus detractores, en cambio, aseguran que la UFW ha dejado de lado su misión de organizar al campesino. Al margen de estos argumentos, los casi 1,000 asistentes a la 17ava Convención del Sindicato de Trabajadores Agrícolas, realizado en Fresno los días 28 y 29 de agosto, 2004, pudieron escuchar los planes de participación en campañas políticas y el apoyo a propuestas de leyes relacionadas al trabajador del campo.

“Las leyes se deciden en el terreno político y no podemos estar al margen de este proceso”, indicó Christine Chávez, coordinadora del Departamento Político del Sur de California de la UFW, con base en Los Angeles. Y destacó la creciente influencia del sindicato en campañas políticas en favor de candidatos proclives a sus propuestas, y en realizar presiones para la aprobación de leyes beneficiosas para campesinos. Por ejemplo, en el 2003 fué firmada la ley de Mediación Obligatoria, presentada por el senador estatal John Burton. Esta ley pone fin a las tácticas dilatorias de los agricultores quienes recurrían a la justicia para impedir la sindicalización de sus trabajadores cuando estos votaban en tal sentido. La Mediación Obligatoria establece que en un plazo perentorio, una comisión actúe como árbitro entre las partes en lugar de las cortes‹la arena favorita de los agricultores.

No es de sorprender que durante la Convención de la UFW se honró la actuación de John Burton, quien se jubilará a fin de este año. Burton, después de agradecer el homenaje, repasó parte de su actuación legislativa y se lamentó de las oportunidades perdidas durante el gobierno del ex-gobernador Demócrata, Gray Davis, destituído a fines del 2003 por Arnold Schwarzenegger.

Para Christine Chávez, lamentarse parece no figurar en su diccionario. Con visible entusiasmo describe cómo la UFW organiza campañas políticas en favor de candidatos que decide apoyar. A éstos se los entrevista y se revisan sus posiciones políticas antes de apoyarlos. “Entonces, cuando nos comprometemos no escatimamos esfuerzos en buscar la victoria”. Y asegura que en el 2002 1,400 voluntarios del sindicato contactaron unos 130,000 votantes en 11 condados del estado; y que 35 candidatos de los 50 que fueron respaldados por la UFW ganaron. Además, seis de las siete iniciativas o proposiciones estatales que se apoyaron ganaron.

La UFW es co-responsible de la propuesta conocida como AgJobs (Trabajos Agrícolas) que propone modificar la ley de inmigración. Esta propuesta es producto de años de negociaciones entre el sindicato, agricultores, políticos y activistas de los derechos de los inmigrantes. Esta reforma a la ley de inmigración otorgaría estatus legal a más de medio millón de campesinos y autorizaría más visas temporales de trabajo. Para los críticos, esta propuesta dejaría en el limbo a unos 5 millones más de trabajadores en el país. Sin embargo, sus partidarios —especialmente simpatizantes de la UFW— aseguran que es una propuesta realista ante el clima antiinmigrante generado después del 9/11.

Inicialmente, el régimen Bush había dado a entender que la apoyaría, pero al acercarse las elecciones de Noviembre, dió marcha atrás y ordenó a legisladores republicanos “congelar” la propuesta. Este no es el único motivo por el cual “quitar a Bush del gobierno”; es la prioridad electoral del 2004 para el sindicato.

“Es lamentable que Bush no apoye esta propuesta, parece que no entiende la importancia del aporte de los inmigrantes a nuestra sociedad”, dijo desde el podio la congresista Hilda Solís, Demócrata del distrito 32, del área de Los Angeles. “Siete millones de personas en California carecen de seguro de salud y la pobreza aumentó por tercer año consecutivo. ¡Qué verguenza!”, exclamó ante el aplauso de los asistentes. Y remató: “Tenemos que mandar a Bush de regreso a Texas!”.

No está sola. La polarización radical de la sociedad norte-americana es un síntoma más de una crisis que de una conciencia política. Y la UFW decidió ser parte de esta historia.

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