September 3, 2004

México del Norte
Jorge Mújica

Medallas, triunfos y derrotas

En sesión solemne, el Con-greso de la Unión en México reconocerá a Ana Gabriela Guevara, Belém Guerrero, Fernando Platas, Oscar Salazar, Saúl Mendoza y otros atletas destacados en los Juegos Olímpicos de Atenas.

Ya entrados en materia, pedirán al secretario de Educación Pública Reyes Taméz, como presidente de la Comisión Nacional de Cultura Física y Deporte, que explique los “magros e insatisfactorios” resultados de la delegación olímpica.

“Por 50 segundos”, dicen los legisladores, “Ana Gabriela Guevara nos hizo olvidar los problemas económicos y políticos del momento”. Un ratito después Belém Guerrero repitió la hazaña llevándose otra medalla de plata para México. Saúl Mendoza la triplicó en silla de ruedas, y Oscar Salazar la cuadruplicó a patada limpia en Tae Kwon Do.

“Pero la delegación olímpica mexicana llegó a Atenas con un equipo sin fuerza ni presencia”, agregan diputados y senadores. “Fueron contados los mexicanos que iban bien preparados, sin engaños del equipo técnico, quien los alentaba a competir sabiendo que no podían hacer nada. Eso será motivo para que el gobierno mexicano evalúe los

resultados y haga las modificaciones correspondientes, pues es un hecho que México no puede seguir participando de esa manera”.

Ni hablar, pero en esto de los Juegos Olímpicos hay que recordar que “lo importante no es ganar, sino competir”.

Acá nosotros nos sentimos más que felices por los triunfos, especialmente el de Saúl Mendoza, quien por cierto, es también ciudadano de México del Norte, residente de Wimberley, Texas.

Y también saludamos a las ganadoras Crystal Bustos, californiana y “short stop” del equipo de softball y Jessica Mendoza, jardinera del mismo equipo, hijas de migrantes, y competidoras mexicanas aunque de este lado de la frontera.

Las otras medallas

Pero con el regocijo olímpico nadie recuerda a otros medallistas, los que no ganan preseas de oro, ni plata ni bronce, sino puras medallas póstumas.

Ni los legisladores ni nadie recuerdan que hace apenitas un mes el caporal Juan López murió en combate en Fallujah y que su entierro en San Luis de la Paz, Guanajuato, provocó revuelo internacional.

Ni se acuerdan tampoco de la sargento Isela Rubalcava, de Ciudad Juárez, quien murió en el tanque donde la celebrada Jessica Lynch fue salvada por los iraquíes y convertida en estrella con un “rescate” estilo Hollywood.

Ni de Rodrigo González, hijo de migrantes de Coahuila muerto en un helicóptero incluso antes de iniciarse la invasión a Irak.De hecho, van 36 jóvenes, 20 mexicanos y 16 hijos de mexicanos, que se llevan la medalla póstuma después de morir en Irak. Esto convierte a México en el tercer país con más muertos en Irak, después de Estados Unidos e Inglaterra.

En espera de sus medallas hay 13,000 miembros de los marines, un 8 por ciento del total, mexicanos o mexicoamericanos. En total, más de 55,000 soldados de este origen en el ejército gringo. Las unidades de marines provenientes de California y la Guardia Nacional de Texas están llenas de mexicanos. Y nadie sabe por qué, pero los mexicanos también llenan las filas de operadores de los famosos misiles Patriot.

Y la Quinta de Caballería está compuesta por una mayoría de jóvenes del Este de Los Ángeles.

Entre ellos está Roberto Arriaga, a quien le “extendieron” 14 meses la estancia en Irak como regalo de bodas en vez de dejarlo volver a California a casarse y cuyo amigo Ray Flores recibió dos tiros en la cabeza en abril, y murió a su lado. También el tanquista Gerardo Barajas, amigo de José Gonzalez, muerto hace tres meses y Jesse López, ambos del Este de Los Ángeles.

Después del 11 de septiembre, Bush prometió regularizar en “fast-track” a los que entraran al ejército. Para los residentes legales que sobrevivan habrá la ansiada ciudadanía. Para otros, medallas póstumas.

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