October 28, 2005

Comentario:

La “LatinoAmericanización” de Estados Unidos

Por: Manuel R. Villacorta O.

El economista jesuita Xavier Gorostiaga, ex rector de la Universidad de Centro América (UCA) de Nicaragua, se ha caracterizado por exponer con radicalidad sus criterios referentes a la situación social y económica del mundo, enfatizando y condenando siempre la realidad social de América Latina. Fuerte crítico de las políticas económicas impulsadas por los países desarrollados y los organismos financieros internacionales. Una de sus varias hipótesis -que presentó hace más de dos décadas- exponía que Estados Unidos se transformaría cada vez más en un país influenciado por la cultura latinoamericana.

Evidentemente se refería a la creciente inmigración, a la reproducción interna de los hispanos y a la expansión de su cultura. En esa perspectiva, Gorostiaga consideró que la pobreza, la exclusión, la rampante corrupción política y los agobiantes males sociales empobrecería más a Latinoamérica. De ello surgió entonces la hipótesis -que parece estar verificándose en la actualidad- de que Estados Unidos viviría una “latinoamericanización”. Latinoamérica experimentaría una “africanización”. Y África quedaría expuesta a la desintegración política y social, producto de fuertes enfrentamientos internos, la escasez de agua potable, la desertificación y la proliferación de la muerte como producto de las enfermedades contagiosas y el hambre.

Para la época en que Gorostiaga exponía sus ideas, los organismos financieros internacionales como el Banco Mundial y el Banco Interamericano de Desarrollo, por el contrario, planteaban que la prosperidad estaba a las puertas de todo el mundo. Recomendaron la reconversión de los Estados (su reducción), la venta de los bienes y empresas públicas para proseguir con procesos de privatización. Asimismo, estaría desde entonces ya en ciernes el lanzamiento de una política económica internacional para el libre comercio global.

Ciertamente, las dos cosas ocurrieron. Las hipótesis de Gorostiaga se volvieron realidad y los planes económicos internacionales estructurados desde Washington se ejecutaron en todo el orbe. Para el caso conviene considerar brevemente la situación de Estados Unidos.

En cuanto al fenómeno poblacional hasta la saciedad se ha publicado el hecho de que los hispanos están creciendo más rápido que el resto de grupos étnicos radicados en Estados Unidos. Con una tasa de crecimiento de 3%, medio siglo más bastará para que estos dejen de ser minoría. El hecho ha causado tanta inquietud que desde una perspectiva oficial se establecen planes para controlar la inmigración ilegal. El presidente Bush plantea la necesidad de contar con $7,500 millones para militarizar la frontera.

Simultáneamente hay otras dos propuestas -el proyecto de ley Kennedy/McCain y la iniciativa Kyl/Cornyn- que se debaten en relación a la deportación, los permisos laborales temporales y la legalización migratoria. La sociedad civil de Estados Unidos también ha eclosionado sus propias figuras: “Los Minuteman”. Estos últimos han pasado de ser una peculiar forma de restringir la inmigración ilegal a un movimiento que se ha extendido por todo el país, llegando ahora incluso a estados, condados y ciudades que no tienen fornteras con México.

Gozan de apasionado apoyo en algunos casos y abierto rechazo en otros. Algunos funcionarios podrían considerarlos algo así como “un mal necesario”. Pero sus acciones podrían también llevar a extremos el sentimiento antiinmigrante, como en efecto, ya ha ocurrido al enfrentarse éstos con grupos defensores de los derechos de los extranjeros llegados al país. No ha habido violencia, pero de surgir en tan solo una ocasión, las consecuencias serían evidentemente desfavorables para todos los que habitamos acá, ciudadanos, residentes e indocumentados.

Desde mi perspectiva personal la población hispana crecerá cuantitativa y cualitativamente en Estados Unidos, y este será un hecho irreversible. No hay forma de evitarlo. Podrán las restricciones fronterizas y las complicaciones migratorias reducir temporalmente el flujo de inmigrantes ilegales, que debe ser controlado, tanto desde una perspectiva legal a la cual todos los Estados tienen derecho, como desde una perspectiva económica, no solo por las implicaciones al interior de la economía de Estados Unidos, sino, por la urgente necesidad de que América Latina deje de ser una región tan desigualmente marcada en la distribución de la riqueza, lo que promueve a gran escala el surgimiento de millones de pobres que no tienen más alternativas que emigrar, primero de las áreas rurales a la ciudades, y segundo, de éstas hacia Estados Unidos. El problema es complejo, está enraizado en las estructuras mismas de la región.

Pero la inminente “latinoamericanización de Estados Unidos” tiene profundas ventajas para el país si se saben aprovechar: la asimilación de una cultura que valora profundamente las relaciones familiares como eje de cohesión “familia/sociedad”. Un compromiso permanente hacia el trabajo, partiendo que la inmigración fue motivada fundamentalmente por ese hecho. La riqueza cultural expresada en las artes gráficas o escénicas, la música y la gastronomía.

El secreto está en encontrar esos principios que Max Weber expuso como características propias de los inmigrantes europeos en su obra: “La ética protestante y el espíritu del capitalismo”, y llevarlos a la práctica renovadamente -en este caso- para hispanos, afroamericanos y anglosajones, porque no está de más -antes bien es de urgente necesidad- que estos sean retomados en una sociedad pluricultural en donde a pesar de poseerse una libertad de expresión incuestionada, los valores morales parecen cada vez diluirse más.

Manuel R. Villacorta O. es Doctor en Sociología Política. Universidad Pontificia de Salamanca, España. E-mail Sr. Villacorta at manuelvillacorta@yahoo.com

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