October 25, 2002

Camino de Hierro: Trenes de Baja California

Por Mariana Martinez

Una península de peregrinos

De la tenue luz del amanecer se escuchan pasos, pasos de ruedas, metal y humo; llega el gran tren. De sus entrañas salen mujeres, niños, hombres, familias enteras que funden sus murmullos al de los vendedores de la estación:

— Gorditas de chicharrón, frijoles, chorizo... ¿Qué le damos?

— Tacos de lengua, chimichangas, quesadillas...

— ¿taxi?

En medio del desértico paisaje bajacaliforniano, los maleteros ansiosos ayudan con las cajas, baúles, bolsas en los que los viajeros traen sus raíces y esperanza.

El tren Sonora-Baja California nace por iniciativa del Secretario de Ferrocarriles y tránsito, el Ing. Ulises Irigoyen, durante la presidencia de Lázaro Cárdenas, en 1937. Ante las visiones expansionistas de Estados Unidos, México ve la posibilidad de que decidan tomar Baja California, un territorio alejado de la capital, con poca población y comunicación muy precaria con el resto del país; para protegerlo, se debía vincularlo con el resto del territorio Mexicano y poblar, la hasta entonces inhóspita península. Surge así la idea de construir un tren que inicia en Mexicali, pasando por Puerto Peñasco y termina en Benjamin Hill, Sonora. Desde ahí se tenía acceso al sistema ferroviario, hacia el centro del país, sobre todo hacia Guadalajara.


Vagon de tren.

Las condiciones desérticas y la falta inmediata de recursos hicieron de la construcción del ferrocarril una labor heroica: El primer paso fue la creación de brigadas de localización para conocer el terreno, desde un principio se perdieron vidas en las fauces desérticas del estado. En la primera brigada que se formó, cuatro jovenes ingenieros, murieron tratando de llegar a una estación de apoyo. Así los primeros cuatro campamentos —ahora poblaciones—llevan sus nombres; ninguno era mayor de treinta años.

La construcción del ferrocarril fue en gran parte, esfuerzo de emigrantes de toda la república, mucha gente que trabajaba en el campo escuchaba del gran proyecto del tren, y salía de su pueblo a trabajar al inhóspito norte.

Así se va poblando Baja California; los hombres traían a sus familias con ellos y los dejaban en el campamento cercano, que poco a poco se transformaba en poblado, alrededor de la estación. Las mujeres entonces ofrecían a los pasajeros de comer y beber, asentándose ahí, entre las dunas y cactus, un pueblo.

A diferencia del resto de los ferrocarriles del país —construídos durante el afrancesado Porfiriato— las estaciones del tren Sonora-Baja California son de una austeridad acorde con el paisaje y las ideas socialistas de Lázaro Cárdenas, rodeadas de pequeñas casas de adobe que daban hogar a muchas familias, los ferrocarriles y sus trabajadores; empezaron a prosperar a partir del fuerte movimiento que la construcción de las vías fue necesitando.

La construcción avanzó rápidamente, hasta que la segunda guerra mundial puso en desbasto de metal al mundo. La construcción se suspendió, pero se puso en funcionamiento la ruta Mexicali-Puerto Peñasco el 5 de Mayo de 1940.

La primera locomotora que se adquiere es una SCOP 1, una pequeña máquina de 30 toneladas, seis ruedas tipo Plymouth, de gas, adquirida de segunda mano, que había sido usada para la construcción de la Presa Hoover.

Las vías del tren pasan cerca de un lugar conocido como “El doctor” un manantial de aguas sulfurosas que sirve para baños medicinales. Por esta cercanía, el tren Sonora-Baja California fue conocido al principio como El Ferrocarril de Fuentes Brotantes.

El tráfico de mercancias y pasajeros fue en aumento; las poblaciones se hacían cada vez más numerosas y por primera vez fue posible comerciar con café, azúcar y diversas frutas del resto del país.

En 1942, con el programa Brasero el sistema ferroviario vive un Boom impresionante. El flujo de personas por todo el país, hacia Estados Unidos enriquece a su paso a muchas poblaciones de Baja California y logra reactivar la economía, de manera que en 1947, con el fin de la segunda guerra mundial se logra terminar el proyecto y se termina la ruta Mexicali-Benjamin Hill.

Los años cincuenta son la época de oro de los trenes en Baja California: El correo mexicano viajaba por sus modernos vagones, que incluían comedor, dormitorios, primera clase, incluso un vagón museo como proyecto del INAH (Instituto Nacional de Antro-pología e Historia). Existía también un vagón blanco, apodado “la paloma”, una especie de tienda rodante que al llegar a los poblados les ofrecía a sus habitantes los más variados productos de todo el país.

Con el fin del programa Brasero y la creación de otros medios de transporte, viajar por tren se fue haciendo más y más inusual, pero sigue siendo muy usado para el intercambio de mercancia.

Gracias a la construcción de este sistema de transporte se fue poblando la península y atrayendo inversión extranjera, poco a poco a lo largo de la desolada región se fue sintiendo un aire de progreso que permitía conocer nuevas formas de organización laboral e intercambio de influencias culturales, rasgos que todavía distinguen a esta región.

Historias entretejidas

Este es el más exitoso de los sistemas ferroviarios de la península de Baja California. Sin embargo, muchos años antes, la idea de crear un camino de hierro surge, a principios de siglo, y logra concretarse en 1904 con el tren Intercalifornia. Con 80 kilómetros de largo se pretende como una vía de comunicación entre el Valle Imperial —enriquecido por la fiebre del oro— y los estados del este de Estados Unidos.

Por las características del terreno, se decide ingresar a territorio mexicano en la parte más difícil del desierto de Arizona. Financiado por Southern Pacific, la construcción de este tren cuenta con la participación de numerosos emigrantes de la región, de origen chino, ruso e hindú que trabajaban en el campo. Así, la innegable relación entre estas regiones permite el fortalecimiento de la region sur de California.

La construcción del tren va dejando a su paso poblados pequeños, como una pequeña región cercana a Mexicali, llamada Palaco, que debe su nombre a una de las compañías norteamericana que utilizaron las vías, Pacific Land Co.

También se crea el tren Tijuana-Tecate, en 1909 con 71 kilómetros de vía. Fue construído por fuertes indígenas Cucapa, que con su ruda complexión física y conocimiento del lugar facilitaron los trabajos. En esa epoca, Tijuana era llamado El Rancho de la Tía Juana, y el tren fue utilizado principalmente para traer pasajeros de San Diego a conocer la región, muchos de visita hacia el lujoso Casino Aguacaliente, que con sus aguas termales se decía que curaba la terrible tuberculosis.

Así, Tijuana y San Diego se ven fuertemente enlazadas por el sistema comercial y turístico que establece la existencia de ese tren, que sigue en uso hasta nuestros días, transportando toda serie de productos hacia los Estados Unidos.

Pedazos de memoria

La historia que cuentan estas vías fue recuperada por muchos años a través de la memoria de los ferrocarrileros, sus familias, y aquellos que todavía tuvieron el placer de viajar en sus lujosos vagones y es parte de una extensa exposición en el museo universitario de Mexicali.


Niños con tren

Los museografos de este organismo universitario –estatal- tuvieron la iniciativa de recopilar esa serie de objetos guardados en casas y museos del resto del país y pronto tuvieron muchas piezas de donde escoger. Especialmente una deliciosa muestra de fotografías que deja huella de las maneras de vivir en esa época, de la sólida relación de las familias con los trenes y de la peculiar manera en que se pobló nuestra región.

“Punta y Cabus” ocupa una de las 4 salas del museo universitario y cuenta con visitas guiadas, ademós de una sala para niños con un tren a escala, para jugar y actividades como “arma tu tren”.

Al salir del museo, y visitar la estación de camiones, al recordar la línea internacional hacia Tijuana, no puedo dejar de pensar que todavía, somos una región con vidas entretejidas, todavía estamos hechos de migrantes y todavía, llegan a diario personas con maletas de raíces y esperanza, todavía, escuchan entre los murmullos:

— Gorditas de chicharron, frijoles, chorizo...¯¿Qué le damos?

— Tacos de lengua, chimi-changas, quesadillas...

— ¿Taxi?...

Museo Universitario de Mexicali., Av. Reforma y L. Colonia Nueva Mexicali. B.C. Abierto de La V de 9 a 6. S y D de 10 a 4. Cooperación 10 pesos. Tel. (686) 5525715 y 5541977. Correo electrónico educativos@info.rec.uabc.mx

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